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Historia

Posted by | Posted in Uncategorized | Posted on 01-12-2008

Historia

de Manuel Castro Rodriguez

La excepcionalidad hizo su aparición en la historia de Cuba desde su formación como Nación. Soy enemigo del chovinismo –o sea, el patriotismo fanático, la exaltación desmesurada de lo nacional frente a lo extranjero-, pero tengo que reconocer que no hay un campo de la actividad humana donde no nos encontremos con al menos, un cubano que haya descollado. Cuba ha producido cientos de personalidades excelentes; entre ellas, Félix Varela Morales (1788-1853), filósofo y sacerdote nacido en La Habana, que fue profesor de nuestra primera universidad. Varela se opuso al escolasticismo imperante en el ambiente filosófico de su tiempo.

La influencia del Padre Varela en el pensamiento cubano de su época es inmensa. El padre de la identidad cubana influyó en la formación de una generación muy importante de cubanos, desde su Cátedra en el Seminario de San Carlos, a la que aclaró conceptos fundamentales como el de patria, y los derechos individuales y colectivos:

“Vemos llegar el momento en que las cosas deben variarse y que lo más prudente sería preparar al pueblo para un cambio político inevitable; pero decir esto es un crimen”.

Fue “el primero que nos enseñó a pensar”, dijo uno de los mejores discípulos del Padre Varela, el también ilustre cubano José de la Luz y Caballero (1800-1862).

A principios del siglo XIX los movimientos de independencia nacional triunfaban por toda América Latina, excepto en Cuba, que fue el último país en obtenerla, prácticamente un siglo después de Haití.

El 29 de enero de 1895 se dio desde Nueva York la orden del alzamiento en Cuba. Estaba firmada por Martí -delegado del Partido Revolucionario Cubano-, el general Mayía Rodríguez – representante de Máximo Gómez, general en jefe del nuevo ejército libertador- y el comandante Enrique Collazo -enviado de la junta Revolucionaria de La Habana-.

La orden especificaba que el alzamiento se haría “con la mayor simultaneidad posible”, “durante la segunda quincena y no antes, del mes de febrero”.

El documento fue dirigido a Juan Gualberto Gómez, principal hombre de confianza, corresponsal e intermediario de Martí en Cuba. Los de Oriente de antemano habían ofrecido acatar la fecha que se les señalara. En seguida que llegó la orden a La Habana, se reunieron los jefes que habrían de encabezar los alzamientos de occidente y acordaron que los mismos se efectuarían el 24 de febrero.

Un día después de firmar la orden de levantamiento en Nueva York, el 30 de enero de 1895 Martí embarcó hacia la isla de Santo Domingo, donde se hallaba el general Máximo Gómez. Juntos el jefe civil y el jefe militar de la revolución tomaron los acuerdos de última hora, juntos firmaron el célebre Manifiesto de Montecristi, en el cual Martí expuso al mundo los propósitos de la guerra de Cuba, juntos se enteraron de los alzamientos del 24 de febrero y juntos recibieron a personas que de Cuba fueron a informarles de los primeros sucesos de la guerra.

Martí escribió entonces: “Yo evoqué la guerra: mi responsabilidad comienza con ella, en vez de acabar… Ahora hay que dar respeto y sentido humano y amable al sacrificio”. Y se dispuso a embarcar con el general Gómez hacia Cuba. El general Gómez quería que Martí se quedara en el extranjero, dirigiendo la propaganda y el aprovisionamiento de la insurrección, pero Martí no se dejó convencer: “de que un pueblo se deja servir, sin cierto desdén y despego, de quien predicó la necesidad de morir y no empezó por poner en riesgo su vida”.

Desde Montecristi, pueblo del noroeste de Santo Domingo, donde vivía el general Máximo Gómez, lanzó Martí un manifiesto: ‘El Partido Revolucionario Cubano, a Cuba’, el 25 de marzo de 1895. El documento es extenso y contiene la doctrina de la nueva revolución.

Empieza el Manifiesto de Montecristi declarando que “La revolución de independencia iniciada en Yara después de preparación gloriosa y cruenta, ha entrado en Cuba en un nuevo período de guerra” y en seguida afirma que esta guerra “no es el insano triunfo de un partido sobre otro”, ni “tentativa caprichosa”, sino “la demostración solemne de la voluntad de un país harto probado en la guerra anterior” y “el producto disciplinado de la reunión de hombres enteros que en el reposo de la experiencia se han decidido a encarar otra vez los peligros que conocen, y de la congregación cordial de los cubanos de más diverso origen, convencidos de que en la conquista de la libertad se adquieren mejor que en el abyecto abatimiento, las virtudes necesarias para mantenerla”.

Después de formular la tesis de la superación del pueblo cubano por el sacrificio, mejor que por la evolución pacífica dentro del régimen colonial español, como sostenían los autonomistas; el manifiesto asegura que la guerra iniciada no es una cruzada de odio contra los españoles ni contra los cubanos “tímidos o equivocados” y sólo será inflexible “con el vicio, el crimen y la inhumanidad”.

Sustenta el Manifiesto la capacidad cubana “para salvar la patria desde su raíz de los desacomodos y tanteos, necesarios al principio del siglo, sin comunicaciones y sin preparación, en las repúblicas feudales y teóricas de Hispanoamérica”; y destaca con vivas expresiones el contraste entre la civilidad del pueblo insular, formado en “el crucero del mundo” y la incultura de “las masas llaneras o indias con que, a la voz de los héroes primados de la emancipación, se mudaron de hatos en naciones las silenciosas colonias de América.

Se alza luego contra “el temor insensato, y jamás justificado a la raza negra”, con el cual siempre se quiso levantar “por los beneficiarios del régimen de España, el miedo a la revolución”; promete respeto a la libertad y la propiedad de los españoles “de trabajo y honor”; y acaba afirmando que la guerra de independencia de Cuba “es suceso de gran alcance humano”. “Honra y conmueve pensar -afirma Martí con admirable previsión de estadista- que cuando cae en tierra de Cuba un guerrero de la independencia, abandonado tal vez por los pueblos incautos o indiferentes a quienes se inmola, cae por el bien mayor del hombre, la confirmación de la república moral en América, y la creación de un archipiélago libre donde las naciones respetuosas derramen las riquezas que a su paso han de caer sobre el crucero del mundo”.

Finalmente el manifiesto contiene una invocación “a los magnánimos fundadores, cuya labor renueva el país agradecido” y la ratificación enfática de la identidad de la obra de dos generaciones y de “la unidad y solidez de la revolución cubana”, como prueba de lo cual firman el documento “el delegado del Partido Revolucionario Cubano, creado para ordenar y auxiliar la guerra” y “el general en jefe electo en él por todos los miembros activos del ejército libertador”.

Hasta el primero de abril no pudieron salir Martí y Gómez de territorio dominicano. En la noche del 11 de abril un barco frutero los dejó en un bote, frente a los acantilados de la costa meridional de Baracoa, en Oriente.Afrontando tremendo peligro alcanzaron la Playita de Cajobabo, en compañía de dos dominicanos y dos veteranos de la Guerra de los Diez Años.

A los tres días de marcha por las sierras de la región, encontraron el primer campamento de insurrectos; y el día 25, tras durísimas jornadas por riscos y despeñaderos, se incorporaron a las fuerzas del general José Maceo -quien acababa de librar su primer combate victorioso sobre el mismo lugar del encuentro-, en Arroyo Hondo, jurisdicción de Guantánamo.

El 5 de mayo de 1895 celebraron en Cuba su primera entrevista los tres grandes jefes de la Revolución: Martí, Gómez y Maceo. Fue en el ingenio La Mejorana, cerca del pueblo de Dos Caminos, San Luis,  Oriente.

La entrevista, efectuada sin acuerdo previo sobre el programa de asuntos a tratar y en el breve tiempo que dejaron libre a los participantes el regocijo de los allí congregados al verlos juntos, y la preparación y disfrute de un almuerzo, no fue fructuosa de inmediato. Martí abordó en ella la necesidad que estimaba inminente de reunir en asamblea a la representación del pueblo en armas y dar forma republicana a la revolución. Maceo insinuó por su parte su temor al predominio de organismos civiles durante la guerra y su simpatía por un gobierno formado por “una junta de generales con mando, por sus representantes, y una secretaría general”.

Convenida en principio la reunión de delegados de todas las fuerzas insurrectas, Martí y Máximo Gómez tomaron aquel mismo día el rumbo de Camagüey, donde se proponían encender la revolución. Por el camino tenían planeado reunirse con el general Masó y otros jefes.

A día siguiente, ocasionalmente, volvieron a reunirse el general Maceo, Martí y el Generalísimo, al tropezar en su marcha con el campamento de aquél. Allí se les hizo un recibimiento “indescriptible”, según contara en breve crónica un joven periodista insurrecto que allí estaba. Gómez y Martí pasaron revista a unos dos mil hombres, vitoreados por el propio general Maceo; luego aquellos hombres oyeron a Martí.

Martí y Gómez reanudaron su marcha hacia el oeste. Como Gómez y Martí llevaran una escolta pequeña, un ayudante se acercó a Maceo, y le dijo: -General ¿cómo es que el general Gómez va hasta Camagüey con tan poca fuerza? Maceo se volvió hacia el ingenuo interlocutor, y dando paso a una sonrisa en la que vagaba la expresión de una convicción íntima, exclamó con énfasis: -El general Gómez lleva consigo un gran ejército: su estrategia.

El 19 de mayo de 1895 amaneció Martí acampado en un lugar conocido por Las Bijas, cerca de la confluencia de los ríos Contramaestre y Cauto. Estaba con él desde la noche anterior el general Bartolomé Masó, quien había llegado allí con 300 jinetes. A media mañana, llegó también Máximo Gómez.

El general en jefe se había separado de Martí dejándolo en Las Bijas con una escolta reducida, pero de toda confianza, el día 17, con el propósito de marchar él a hostilizar un convoy español que según confidencia debía pasar no muy lejos de aquel lugar.

Al reunirse los tres jefes, las fuerzas fueron formadas y arengadas por ellos. Aquella tropa, compuesta principalmente por rudos campesinos, se mostraba enardecida por la presencia del general Gómez, cuyas hazañas de la Guerra Grande desde entonces corrían de boca en boca. Pero cuando habló Martí todos los presentes comprendieron por qué aquel hombre, nuevo para la mayoría de ellos, era mirado con tanto respeto por los generales.

Un deslumbramiento primero, una como embriaguez luego, recorrieron las filas. Un joven recluta -Manuel Piedra- ha comparado su estado de ánimo oyendo a Martí aquella mañana, a la de los judíos al escuchar a Moisés en el desierto. Análoga evocación había suscitado antes el verbo de Martí a un novel ayudante de Maceo -Mariano Corona-.

Poco rato después, “alrededor de las o­nce de la mañana”, sonaron unos tiros y se dijo que una columna española se movía con rumbo al campamento cubano. A atajarla cabalgaron los jefes mambises, seguidos de la tropa. A poco de vadear el Contramaestre, en Dos Ríos, sobrevino el choque. Los españoles, hábilmente dirigidos, esperaron en formación escalonada la agresión de la caballería cubana en lugar ventajoso para la defensa y recibieron a los jinetes delanteros con descargas cerradas, obligándolos a retroceder.

Martí, quien desoyendo el consejo de Gómez había tomado parte en aquella galopada, no regresó de ella. En el ímpetu de la carga había avanzado hasta desembocar frente a la línea de tiradores enemigos y un balazo mortal lo había derribado del caballo. Su cadáver, prontamente identificado, fue recogido por los españoles; los que a marchas forzadas se alejaron del lugar del combate con aquel insigne trofeo.

El general Gómez, quien en seguida se dio cuenta de la superioridad numérica y táctica del enemigo, planeó emboscarse al paso de la columna española y rescatar el cadáver de Martí. Éste fue llevado al pueblo fuerte de Remanganaguas, donde se le dio sepultura. Después se le exhumó y embalsamó para llevarlo a Santiago de Cuba, donde tuvo lugar el sepelio definitivo.

Así ocurrió el primer gran desastre de la revolución. El segundo gran desastre fue cuando el general Antonio Maceo Grajales cayó en combate, el 7 de diciembre de 1896.

De Maceo dijo Martí que tenía tanta fuerza en su mente como en su brazo. En 1890, un joven señaló en presencia de Maceo que Cuba, por fatalidad geográfica, habría de ser algún día una estrella más en la constelación estadounidense; a lo que Maceo replicó: “Creo, joven, aunque me parece imposible, que ese sería el único caso en que tal vez estaría yo del lado de los españoles”.

José Martí representó lo más honesto y combativo en la lucha por la liberación nacional. Martí identifica la nación cubana, sus tradiciones democráticas, su cultura, lo mejor de su historia y de sus ideales republicanos -interrumpidos por su prematura muerte-, negados por el Tratado de París, la Enmienda Platt y el caudillismo corruptor de los presidentes de Cuba.

En la noche del 15 de febrero de 1898 estalló en la bahía de La Habana el crucero acorazado norteamericano Maine. Doscientos sesenta y seis marinos murieron durante la explosión.

Hacía tres semanas que el Maine estaba anclado en el puerto de La Habana. Había sido enviado como un aviso al gobierno español, so pretexto de desórdenes en la capital, donde los integristas, opuestos a la implantación de la autonomía y a toda clase de concesiones políticas, habían asaltado las redacciones de varios periódicos conciliadores y formado motines, prontamente reprimidos. En el fondo, la presencia del Maine acusaba propósitos no meramente policíacos: “Cuando una gran potencia envía un acorazado a una zona en disputa”, ha dicho un internacionalista, “en el lenguaje de la diplomacia eso significa que tiene la intención de participar en el arreglo de dicha disputa”.

La voladura del Maine causó un estallido de ira colectiva en Estados Unidos. La excitación popular fue en aumento cuando periódicos de gran circulación llegaron a afirmar que se estaba sobre la pista de individuos pagados por enemigos de Estados Unidos, que habían colocado una mina en la parte exterior del casco del Maine.

Una comisión investigadora nombrada por el gobierno español dictaminó que la catástrofe había sido causada por una explosión en el interior del buque. Otra, norteamericana, atribuyó el hecho a un agente exterior. Al dar cuenta al Congreso de este último informe, el presidente McKinley, el 11 de abril de 1898, pidió autorización para tomar las medidas que dieran por resultado “la completa terminación de las hostilidades entre el gobierno de España y el pueblo de Cuba”.

Al ambiguo mensaje del Presidente respondió el Congreso norteamericano con la Resolución Conjunta (Joint Resolution) de 19 de abril, en la cual se dio la autorización solicitada, incluyendo la de emplear todas las fuerzas de mar y tierra de la nación para conseguir la pacificación de Cuba y el establecimiento de un gobierno capaz y estable.

Yendo más lejos de lo solicitado por el presidente WilliamMcKinley, el Congreso de Estados Unidos comenzó la Resolución declarando que los libertadores cubanos habían ya conquistado su independencia y el derecho al reconocimiento de la misma. “Que la isla de Cuba es, y de derecho debe ser libre e independiente”, expresa enfáticamente el artículo primero de la ley, antes de ordenar que se pidiera o se obtuviera por las armas, que el gobierno de España abandonase a Cuba.

En el artículo 4 de la Resolución Conjunta firmado por el presidente McKinley, se aseguraba que Washington no albergaba intención alguna sobre la Isla, pero luego no dudaron en contradecirlo en los hechos. Derrotada España, no reconocieron la beligerancia de los independentistas cubanos, cuya ayuda había sido decisiva para la victoria, y los excluyeron de las negociaciones de paz en la capital francesa. El Tratado de París estipuló en su artículo 1 que Estados Unidos ocuparía a Cuba, en absoluta negación de la Resolución Conjunta.

Muy diferentes fueron los móviles del cambio de actitud norteamericana en la cuestión de Cuba y la determinación de hacer la guerra a España. El pueblo norteamericano pidió la guerra por admiración hacia los cubanos, y al ocurrir la voladura del Maine, por responder a lo que consideraba una agresión de España.

El gobierno estadounidense, en cambio, actuó con el calculado propósito de aprovechar la debilidad de los contendientes para dar al mundo una demostración de poderío, y para establecer en Cuba un gobierno estrechamente vinculado a Estados Unidos.

A decidir la entrada de Estados Unidos en la guerra contribuyó una corriente de opinión muy desarrollada en Estados Unidos en la época, que tendía a colocarlos entre las primeras potencias del mundo, costase lo que costase. Líder de esa corriente imperialista, que recibió el nombre de jingoísmo, era un joven político apasionado y ambicioso, Theodore Roosevelt, quien entró a formar parte del gobierno como subsecretario de Marina, al iniciarse el período del presidente McKinley, en 1897.

En sus discursos Roosevelt exaltaba el orgullo nacional y alentaba la preponderancia norteamericana. En privado manifestaba que si él pudiera, arrojaría de América “a todas las potencias europeas … Empezaría por España”. Con estas ideas, en la Subsecretaría de Marina se entregó diligentemente a robustecer el poderío naval norteamericano, poniendo barcos y tripulaciones en las mejores condiciones de entrar en combate.

Factor de considerable importancia en la formación del estado de opinión que condujo a la guerra al pueblo norteamericano fue también la propaganda de la prensa sensacionalista, en pleno desarrollo en Estados Unidos por esa época. Los grandes periódicos de Nueva York y otras ciudades mantuvieron diariamente informados a sus lectores del curso de la guerra de Cuba. Sus reporteros y dibujantes fueron enviados a la Isla en busca de noticias y apuntes. “Los periódicos ‘amarillos’ -como se apodó a los de este tipo- despertaban todos los días el terror y la lástima de sus lectores y aumentaron su tirada a costa de la carnicería” (Jenks).

Por su parte la Delegación de la República de Cuba en armas, con el concurso de numerosos escritores, oradores y periodistas emigrados -hombres de la talla intelectual de Enrique José Varona, Manuel Sanguily, Manuel de la Cruz, Gonzalo de Quesada, Eduardo Yero, Nicolás Heredia y otros-, llevó a cabo una labor constante de información y propaganda; al propio tiempo que solicitaba el reconocimiento del gobierno revolucionario por el de Estados Unidos y ofrecía ventajosamente bonos de la República a especuladores audaces, para interesarlos en el triunfo de la revolución independentista.

Después de la voladura del Maine, cuando era evidente que Estados Unidos marchaba a la guerra, el gobierno español tomó dos disposiciones encaminadas a conjurar la catástrofe que se avecinaba; fue la primera de ellas el cese de la Reconcentración anunciado por el general Blanco el 30 de marzo; y la segunda, una orden suspendiendo las hostilidades en Cuba “con objeto de preparar y facilitar la paz”. Esta última medida, adoptada cuando se teníala certidumbre de que el presidente McKinley había redactado su mensaje al Congreso pidiendo autorización para intervenir en Cuba, fue dictada con tal precipitación a fin de que fuera publicada el 10 de abril, que dejó a instrucciones posteriores el fijar la duración del armisticio.

Al conocer dicha medida, el Consejo de Gobierno y el general en jefe cubanos se apresuraron a rechazarla, anunciando que era tarde para llegar a un arreglo pacífico y que no aceptarían otra paz que la de la independencia absoluta.

La guerra se desarrolló en dos escenarios tan distantes uno de otro como las Filipinas y las Antillas, y tuvo cuatro meses de duración.

Iniciada la guerra, el Estado Mayor General de Estados Unidos decidió invadir a Cuba por la parte oriental, que era donde los españoles resultaban más débiles y los cubanos más fuertes.

Andrew Summers Rowan (1857-1943) -oficial de la Armada de Estados Unidos, a quien la prensa de su país ha glorificado como el héroe del ‘Mensaje a García’-, fue enviado a Cuba, por medio del Departamento de Expediciones cubano, a solicitar del general Calixto García (1836-98) la colaboración indispensable. Rowan fue convertido en mito por el periodista Elbert Hubbard, quien, apremiado por la entrega de la revista Philistine, recurrió a fabricar una leyenda digna de una novela de aventuras.

Dos oficiales cubanos marcharon a Washington con instrucciones del general Calixto García. Poco después partió de La Florida el ejército expedicionario norteamericano, dirigiéndose a Santiago de Cuba. En las cercanías de esta ciudad, el general Calixto García recibió antes del desembarco la visita de los jefes de mar y tierra de la expedición -almirante Sampson y general Shafter-. Allí se fijó el punto de arribo.

Al día siguiente, 400 soldados cubanos fueron transportados del Aserradero -al oeste de Santiago-, a Daiquirí -al este-, estableciendo la ‘cabeza de playa’ por donde desembarcaría el ejército norteamericano: 15 mil hombres.

Inmediatamente los mambises distrajeron la atención de los españoles, ocupando todos los desfiladeros por donde Santiago se comunica con el interior. “El mismo día del desembarco”, según un oficial de marina español -el capitán Concas-, que combatió allí, “quedó Santiago privado de todo el recurso que recibía de su zona de cultivo, recrudeciéndose el hambre; quedaron cortadas todas las comunicaciones; bosques, avenidas y alturas, todo cubierto por los cubanos…”

Una sola columna española de refuerzo entró en Santiago durante el sitio. Pero de ella dice el historiador de esta campaña, teniente Muller:

“Los insurrectos, haciendo como siempre, fuego a mansalva, consiguieron, aunque sin detenerla, retardar su marcha lo suficiente para que no llegara antes del día primero de julio”, o sea, el día en que se decidió la caída de Santiago, al ser tomados los fuertes de El Caney y San Juan.

En Holguín reunieron los españoles doce mil hombres para enviarlos a reforzar las defensas de Santiago y, al decir del general Miles, jefe del ejército de Estados Unidos, “fueron detenidos y forzados a retirarse por las fuerzas cubanas del general Feria”. Y según las palabras del mismo jefe norteamericano, “el general García envió dos mil hombres a las órdenes de Pérez contra los seis mil españoles de Guantánamo y lograron su objeto”: impedir que reforzaran a Santiago.

Pero no fue sólo en estas operaciones que colaboraron los cubanos con los norteamericanos; más de 200 bajas tuvimos entre muertos y heridos en El Caney y San Juan. Algo más de un millar los norteamericanos. Pero, en proporción al número de combatientes de unos y otros, las bajas cubanas resultaron mucho mayores que las de sus aliados, según el corresponsal de guerra Stephen Bonzal.

Aunque Estados Unidos la llama guerra hispano-norteamericana, para los cubanos es la intervención estadounidense en nuestra segunda guerra de independencia. Con el pretexto de que la guerra era para liberar a Cuba de España, Estados Unidos se apoderó de las colonias españolas de Guam y Filipinas en el Pacífico, y Puerto Rico y Cuba, en el Atlántico.

El 10 de diciembre de 1898 se firmó el Tratado de París, que puso término definitivo a la guerra y a la soberanía española en Cuba.

El primero de enero de 1899 fue señalado para el traspaso del gobierno del archipiélago cubano a Estados Unidos.

Terminada prácticamente la guerra al pedir los españoles la paz a los norteamericanos, el Consejo de Gobierno de Cuba creyó que se aproximaba el momento previsto en la constitución de La Yaya en que debía reunirse la Asamblea de Representantes del Ejército Libertador y extendió la convocatoria para la misma.

Esta Asamblea, que fue la última de su clase, es conocida como la Asamblea de Santa Cruz del Sur o Asamblea del Cerro, porque primero funcionó en la población camagüeyana citada y posteriormente en el barrio del Cerro de la capital. Ella desenvolvió sus labores desde octubre de 1898 a abril de 1899.

Frente al hecho de que España iba a entregar la administración de Cuba a Estados Unidos y de que el gobierno norteamericano había ignorado oficialmente durante la guerra la existencia del Consejo de Gobierno cubano, entendiéndose de manera informal con la representación del mismo en Estados Unidos y con jefes y oficiales del Ejército Libertador, la Asamblea de Santa Cruz del Sur prudentemente renunció a la misión que tenía señalada en la constitución de La Yaya de organizar la administración de Cuba al producirse la evacuación española, y limitó su actuación a planear el licenciamiento del Ejército Libertador, nombrar una comisión ante el gobierno norteamericano y colaborar con éste, mediante otra comisión, en la administración y el mantenimiento del orden en los lugares que ocupaba el ejército libertador.

Aunque excelentemente inspirada, la Asamblea fracasó en todo, menos en ayudar a mantener el orden en Cuba mientras se iba completando la ocupación por fuerzas norteamericanas. El gobierno de Estados Unidos, siguiendo la tradicional política de no reconocer la existencia de ningún gobierno cubano en Cuba, procuró y logró la disolución del ejército libertador por medio del general Máximo Gómez, a espaldas de la Asamblea; y no atendió oficialmente a la comisión de asambleístas que trató de establecer relaciones formales con el ejecutivo norteamericano. Esa comisión iba presidida por el mayor general Calixto García, héroe cuya cooperación había sido decisiva en las operaciones que determinaron la rendición española en Santiago de Cuba, el cual murió en Estados Unidos en diciembre de 1898, antes de terminal la difícil misión que le había sido confiada.

Arrebatándoles la victoria de las manos a los independentistas cubanos que prácticamente habían derrotado a los colonialistas españoles, las tropas estadounidenses ocuparon Cuba durante cuatro años.

La intervención de Estados Unidos supuestamente era para “defender la independencia” de Cuba, pero en la práctica fue para tratar al país como un protectorado bajo su firme control, nombrando directamente a los administradores e imponiendo la ignominiosa Enmienda Platt que en la misma Constitución aprobada por la Asamblea Constituyente, reservaba el derecho de Estados Unidos a intervenir militarmente en Cuba si consideraba que sus intereses pudiesen verse afectados.

El artículo 16 de la Resolución Conjunta anotaba que Washington “aconsejaría” al futuro gobierno cubano, pero en realidad impuso la Enmienda Platt de ocho capítulos, como apéndice a la Constitución de 1901 de Cuba.

Pese a una férrea oposición, la disyuntiva para los cubanos era aceptarla o quedar bajo la intervención estadounidense indefinidamente, por lo que tuvieron que aceptarla el 12 de junio de 1901.

Esa Enmienda era un giro de 180 grados respecto a la Resolución Conjunta porque dejaba sentado que Estados Unidos tendría derecho a intervenir en Cuba cuando lo considerase oportuno, según el artículo 3. En eso se parecen la Enmienda Platt y los Tratados Torrijos-Carter de 1977, que le permite a Estados Unidos intervenir en Panamá, si considera que la seguridad del Canal de Panamá está en peligro. Los Tratados firmados por el dictador Torrijos y el presidente Carter no tomaron en cuenta la decisión del pueblo panameño aprobada en el Congreso de la Soberanía de enero de 1964, que reunió a más de 180 organizaciones panameñas, yen el que no participó Torrijos ni oficial alguno de la Guardia Nacional. Todo lo contrario, persiguieron y encarcelaron a los que lucharon el 9 de enero de 1964.

Fue esa Enmienda Platt, en su artículo 7, la que dio paso -como estación carbonera- a la actual base naval de Guantánamo, supuestamente, “para defender a Cuba y a los propios Estados Unidos”.

Además, Estados Unidos pretendía establecer bases en Bahía Honda -en occidente-, Cienfuegos -en el centro- y Nipe -en oriente-, pero finalmente se quedaron con Guantánamo.

El artículo 1, firmado por el presidente Theodore Roosevelt, indicaba que el arrendamiento sería “por el tiempo que la necesitaren”, con el evidente propósito de paliar la irritación cubana por ese despojo.

Todo el proceso por el cual Estados Unidos retiene esa parte del territorio cubano es ilegal y nulo de origen, al partir de una imposición de la Enmienda Platt a los delegados de la Constituyente de 1901.

Esta ley del Congreso de Estados Unidos fue impuesta a la primera Constitución cubana bajo la amenaza de que de si no se aceptaba, Cuba permanecería ocupada militarmente. Al respecto, la Convención Internacional sobre Derecho de tratados, celebrada en 1969 en Viena, Austria, en el artículo 52 declara nulo todo tratado cuyo consentimiento se alcance con la amenaza o uso de la fuerza, como ocurrió en este caso.

Por otra parte, el arrendamiento de las tierras y aguas cubanas al gobierno de Estados Unidos para el establecimiento de la base naval en Guantánamo según el Tratado Permanente de 1903 y el de Relaciones de 1934, sustituto del primero, se realizó por el tiempo que necesitaren los norteamericanos. Al no fijarse fecha de devolución y quedar a perpetuidad si así lo deseaban los norteamericanos, se viola lo establecido legalmente para este tipo de convenio, pues resulta un absurdo jurídico que el propietario de algo no sea capaz de recuperar en un momento dado su propiedad.

La base naval de Guantánamo está ubicada cerca del extremo oriental de Cuba, en una posición estratégica en el Caribe. Es una bahía de aguas profundas, con 38,8 Km2 de agua, 49 Km2 de tierra firme y el resto de los 117,6 Km2 es terreno pantanoso.

Originalmente, el pago era de dos mil dólares anuales en oro, pero más tarde pasó a realizarse mediante un cheque anual por 4.085 dólares -o sea 35 dólares por Km2-, depositado en un banco en Suiza. Desde 1959 Cuba se ha negado a cobrar, porque el hacerlo sería reconocer la legalidad del enclave.

La base naval de Guantánamo es una espina que los cubanos tenemos clavada en el corazón, por lo que nadie bajo circunstancia alguna puede considerarla territorio neutral.

Una de las medidas más importantes del gobierno de ocupación – conocido como primera intervención militar de Estados Unidos en Cuba-, durante el mando del general Brooke fue la de realizar un censo general, ajustado a los métodos usuales en Estados Unidos.

El censo puso estadísticamente de manifiesto las pavorosas pérdidas que sufrieron la población y la riqueza de Cuba en el curso de los tres años de la última guerra de independencia; así como el atraso secular de la sanidad y la educación del pueblo, y la pobreza de los servicios públicos de comunicación, faros y puertos.

La población total de Cuba en 1899, de un millón quinientos setenta y dos mil habitantes, era inferior en unos sesenta mil individuos a la registrada en el censo de 1887, doce años atrás. Pero como la población había ido en aumento desde 1887 hasta 1895, cuando era calculada en un millón ochocientos mil habitantes, es evidente que la guerra, con todas sus derivaciones, había causado una pérdida aproximada de cuatrocientos mil cubanos.

Según el censo, “cerca de 100 000 niños representa aproximadamente el límite mínimo de la pérdida de niños en Cuba, tanto por la muerte como la prevención de nacimientos”, durante el período de guerra de 1895 a 1898. A los niños seguían en la disminución los varones adultos.

La merma de población había sido más pronunciada en las tres provincias occidentales, donde la guerra había sido más enconada y la reconcentración más efectiva.

La riqueza rural estaba arruinada en 1899: el ganado de todas clases existente -572 mil cabezas- era solamente el 15% del que había en 1894.

De los ingenios registrados en esta última fecha: 1.100 -incluyendo por igual centrales y trapiches- quedaban al efectuarse el censo de 1899 nada más que 207 en condiciones de moler. En consecuencia, mientras la última zafra anterior a la guerra había pasado de un millón de toneladas de azúcar, la primera de la posguerra no llegó a la tercera parte de aquélla.

Más notable aún había sido el descenso de la producción tabacalera, pues fue de medio millón de tercios en 1894 y no llegó a noventa mil en 1898; lo cual prueba que la devastación en la última guerra había sido particularmente terrible en las provincias occidentales, al revés que en la del 68.

En los tiempos de la dominación española, la enseñanza pública era uno de los ramos peor atendidos. En los últimos años de la colonia existían aproximadamente 500 escuelas, la mayoría privadas.

Durante la ocupación norteamericana se implementaron notables medidas y acciones relativas a la enseñanza. El teniente Alexis E. Frye y M. Hanna, como Superitendente General el primero y como Comisionado de Escuelas el segundo, por la parte norteamericana, y Enrique José Varona y otros ilustres ciudadanos, por la parte cubana, contribuyeron de manera relevante en la reorganización y desarrollo de la enseñanza primaria en el país.

Enrique José Varona (1849-1933) durante la ocupación norteamericana desempeñó el cargo de Secretario de Hacienda y posteriormente, el de Instrucción Pública y Bellas Artes, implantando la modernización de la enseñanza mediante el Plan Varona.

Considerado una de las voces eximias de la intelectualidad criolla del siglo XIX y las primeras décadas del XX, Enrique José Varona orientó a la juventud universitaria durante los años oscuros que desencadenó la intervención norteamericana en Cuba. Fue en ese contexto que dejó clara su posición contra la injerencia yanqui: “Cuba republicana es hermana de Cuba colonial”.

Martí expresó sobre Varona:

“(…) yo no veo en mi tierra, fuera de los afectos naturales de la familia, persona a quien debo querer yo más que usted, por la limpieza de su carácter y la hermosura de su talento”.

El 19 de mayo de 1902 se cumplieron siete años de la caída en combate de José Martí. Al día siguiente, nacería la República.

Historia Ciclones

Posted by | Posted in Geography, History | Posted on 01-12-2008

MEDIO AMBIENTE, HISTORIA CICLONES

de Manuel Castro Rodriguez

Los ciclones azotan a Cuba desde mucho antes de la llegada de los conquistadores. En la década del 50 del siglo XX Cuba se encontraba entre los 3 ó 4 primeros países latinoamericanos. la llegada de los conquistadores españoles, en 1492. ‘Jurakán’ era el dios de las tormentas de los aborígenes cubanos. Gracias a Fray Bartolomé de Las Casas, redactor de la conocida Historia de las Indias, la palabra ‘jurakán’ transitó hacia el castellano para denominar al más devastador fenómeno meteorológico tropical.

A pesar del daño que históricamente nos han causado los ciclones, a principios de la década del 50 del siglo XX Cuba se encontraba entre los 3 ó 4 primeros países latinoamericanos, por su nivel de desarrollo. Eugenio Staley, autor de The Future of Underveloped Countries (Harper, Nueva York, 1954), ubica a Cuba entre los países de desarrollo intermedio: Argentina, Austria, Cuba, Checoslovaquia, Chile, España, Finlandia, Hungría, Irlanda, Israel, Italia, Japón, Polonia, Portugal, Puerto Rico, Unión Sudafricana, URSS, Uruguay y Venezuela.

Según The Future of Underveloped Countries, los países altamente desarrollados en 1954 eran Australia, Bélgica, Canadá, Dinamarca, Estados Unidos, Francia, Holanda, Noruega, Nueva Zelanda, Reino Unido, Suecia y Suiza.

Sesenta y ocho países (68) eran considerados subdesarrollados por The Future of Underveloped Countries.

Los residentes en Cuba pueden verificarlo en el libro Curso de Economía Moderna, edición de 1959, escrito por Paul A. Samuelson, premio Nobel de Economía 1970, que pueden consultar en la biblioteca de la Facultad de Economía (UH) y en la Biblioteca Nacional.

Los residentes en España pueden comprobarlo en la edición de 1960 del libro Curso de Economía Moderna, escrito por Paul A. Samuelson.

A pesar de los ciclones, Cuba ocupaba el primer lugar en el Caribe en cuanto a recepción de turistas. Para conservar la cuota de mercado que Cuba tenía en la década del 50, debiera estar acogiendo a 4 millones de turistas, o sea, el doble de lo que recibe ahora. Se conocía a Cuba como la Perla del Caribe.

En Un aporte al análisis marxista de la sociedad cubana (Primera parte),expresé:

“El explorador y científico alemán Friedrich Wilheim Heinrich Alexander, Barón de Humboldt (1769-1859), llamó ‘Mediterráneo de muchas bocas’ al Mar Caribe. Dentro de ese espacio geográfico, destaca el archipiélago cubano por su privilegiada situación estratégica, a tal punto que desde los tiempos de Felipe II, se conoce a Cuba como ‘La Llave del Golfo’.”

Lo único malo de la excelente ubicación geográfica de Cuba es que muchos de los ciclones que se forman en las Antillas Menores y el Mar Caribe, azotan al archipiélago cubano. Salvando las distancias, los ciclones son para los cubanos como las tormentas de nieve para los canadienses y escandinavos. Preferiríamos que no existiesen los ciclones, pero sabemos que tendremos que seguir conviviendo con estos fenómenos atmosféricos, al menos hasta que el desarrollo científico-técnico permita eliminarlos algún día.

Según la Real Academia Española, el término ‘geografía’ significa: “Ciencia que trata de la descripción de la Tierra”.

Aunque el Padre Félix Varela Morales (1788-1853), en su obra ‘Doctrinas Físicas’, y José Antonio Saco López Cisneros (1797-1879), en sus tratados de Física, realizan explicaciones geográficas, es Felipe Poey Aloy (1799-1891) quien en 1838 edita el primer libro de texto cubano sobre Geografía, titulado Cartilla Geográfica, del cual se hizo una segunda impresión en 1855.

En 1855 Poey también publicó el Compendio de Geografía de la Isla de Cuba, primera obra de su tipo escrita e impresa en el país. Al siguiente año, dio a la luz un Compendio de Geografía Moderna, utilizado en colegios y escuelas de enseñanza media, para el cual, su hijo mayor, Andrés Poey Aguirre (1825-1919), destacado meteorólogo, confeccionó un Atlas.

La lista de sociedades científicas extranjeras que acogieron a Felipe Poey Aloy y le rindieron honores es extensa: en mayo de 1851 fue nombrado corresponsal del Liceo de Historia Natural de Nueva York; en junio de 1863 fue elegido miembro de honor de la Sociedad de Ciencias de Buffalo; en enero de 1864 le otorgaron la membresía de la Sociedad Entomológica de Filadelfia; en marzo, la de corresponsal de la Sociedad de Historia Natural de Boston: y en diciembre, la Sociedad de Historia Natural y Horticultura de Massachsetts lo incorporó como corresponsal. La Academia de Ciencias de Filadelfia determinó reconocerlo como corresponsal, en septiembre de 1873.

Formó parte de varias instituciones europeas: la Sociedad de Amigos de la Historia Natural Berlinesa, de la que fue miembro de honor desde 1864; la Sociedad Española de Historia Natural, a la que ingresó en 1872; y la Real Sociedad Científica de Londres, a partir de noviembre de 1836.

La inclusión de la Geografía en la Educación Superior en Cuba, se produce en la Universidad de la Habana en 1844, en la cátedra de Historia, denominándose Cátedra de Geografía e Historia, siendo explicada por José María de la Torre. Desapareció del programa de estudios en 1899.

Desde 1850 aproximadamente, Andrés Poey Aguirre estableció un pequeño observatorio meteorológico, y comenzó a informar de sus observaciones a instituciones de Francia y Estados Unidos. En 1857 se decidió crear con carácter oficial, el Observatorio Físico-Meteórico de La Habana, que fue colocado bajo la dirección del propio Andrés Poey. Posteriormente se vio involucrado en la creación de un observatorio meteorológico para la Comisión Científica de México -que se estableció durante la intervención en ese país-. En 1869 fue cesanteado por las autoridades coloniales y se radicó en Francia, donde se distinguió como un ardiente positivista y pacifista. Las principales observaciones meteorológicas de Andrés Poey tienen que ver con la clasificación y el movimiento de las nubes. El vacío dejado por su observatorio fue ocupado en 1858 por el Observatorio del Real Colegio de Belén, que desde 1870 estuvo dirigido por el padre Benito Viñes (1837-1893), meteorólogo catalán que realizó aportes relevantes al estudio de los ciclones tropicales, incluyendo una teoría empírica sobre su traslación.

En 1889 se ubicó el Observatorio de la Comandancia de la Marina, en el lugar de la antigua Lonja del Comercio. En 1908 aparece por primera vez el nombre de Observatorio Nacional, adscrito a la Secretaría de Agricultura, Comercio y Trabajo; se situó en el lugar en que hoy se encuentra el Instituto de Meteorología, en Casablanca.

En 1861 se creó la Real Academia de Ciencias Médicas, Físicas y Naturales de La Habana, única de su tipo que existió en una colonia hispana.

El 4 de enero de 1919 murió Andrés Poey Aguirre, precursor de la meteorología científica en Cuba.

El 22 de agosto de 1922 se realizó la primera transmisión radial del pronóstico del tiempo en Cuba.

En febrero de 1924 el Dr. Salvador Massip Valdés (1891-1978) comenzó a laborar como profesor de Geografía, en la Universidad de la Habana. A instancias del Dr. Massip y después de un arduo y sostenido trabajo de concientización en el marco universitario, se creó la Cátedra Libre de Geografía en la Universidad de la Habana. La Geografía logró incluirse de forma obligatoria en los planes de estudio de las escuelas de Pedagogía y Filosofía y Letras. En 1934 se fundó otra cátedra de Geografía en la Escuela de Derecho Diplomático, denominándose Cátedra de Geografía Política, Social y Económica de Cuba. También se amplió la cátedra existente en la Escuela de Filosofía y Letras.

Entre 1937 y 1952 el Dr. Salvador Massip realizó notables contribuciones a la pedagogía cubana. Introdujo la asignatura de Geografía Económica y creó un laboratorio de Geografía en la Universidad de la Habana.

En 1942, como consecuencia de la segunda guerra mundial, el Observatorio Nacional pasó a la Marina de Guerra.

El Dr. Salvador Massip expresó que los ciclones tropicales figuran entre los rasgos más sobresalientes del clima cubano, considerado entre los mejores del mundo por sus brisas, cielo claro y azul, con días brillantes e invierno suave.

Según la Real Academia Española, el vocablo ‘ciclón’ significa: “En meteorología, zona de baja presión atmosférica rodeada por un sistema de vientos que en el hemisferio norte se mueven en sentido opuesto a las agujas del reloj, mientras que giran en sentido contrario en el hemisferio sur”.

Los ciclones empiezan como o­ndas tropicales en alta mar, donde el agua tiene una temperatura de más de 26 grados centígrados. Una onda tropical es un sistema de tiempo caracterizado por una baja presión atmosférica que facilita la formación de nubes y lluvia, como resultado de la evaporación del agua del mar y la subida de aire caliente. Cuando este sistema comienza a rotar, se convierte en un ciclón tropical.

La rotación funciona como una chimenea que succiona el aire alrededor de los bordes del sistema, que se mantiene gracias al constante abastecimiento de aire caliente. Esta succión es más fuerte en el centro del ciclón y facilita la subida del aire en la atmósfera, hasta unos kilómetros de altitud. A medida que sube el aire, éste se enfría y se convierte en nubes que forman las bandas circulares, que son características en las tormentas tropicales y ciclones. A medida que crece el ciclón, se forma una célula en su centro que se llama ‘ojo’ o vórtice del ciclón, que se caracteriza por el buen tiempo existente en él. En contraste, en las márgenes del ‘ojo’ o vórtice, se encuentran los vientos, lluvias, olas de tormenta más intensos y otras características peligrosas de estos sistemas.

Una o­nda tropical no es un ciclón tropical porque no tiene la rotación interna que caracteriza a las tormentas tropicales y los huracanes. Sin embargo, las o­ndas tropicales son relevantes porque son las raíces de los ciclones tropicales. Una o­nda tropical es un sistema de baja presión que se mueve como un temporal con mucha lluvia y vientos débiles.

Las condiciones imprescindibles para que se forme un ciclón tropical son:

1. Una perturbación pre-existente: área extensa de nubosidad con chubascos y tormentas eléctricas.

2. Temperatura cálida de las aguas del océano: 26 grados C o superior, hasta una profundidad de al menos 45 metros.

3. Vientos en la atmósfera superior: que sean débiles y no cambien mucho de dirección y velocidad a través de la altura de la atmósfera.

Mediante el contacto con las aguas cálidas del océano, la perturbación pre-existente recibe el calor y la energía. Comienza a formarse una zona donde la presión atmosférica es algo inferior a la de los alrededores. Cerca de la superficie del océano, los vientos empiezan a girar como un torbellino con centro en la zona de baja presión de la perturbación. Durante estas primeras etapas, el sistema meteorológico se compone de un agrupamiento relativamente poco organizado de chubascos y tormentas eléctricas. Las aguas cálidas del océano agregan más humedad y calor al aire que sube, y a medida que la humedad se condensa formando los chubascos, se genera más calor, lo cual suministra energía adicional al sistema. La configuración de la atmósfera superior debe garantizar que el aire que penetra por los niveles superficiales salga al exterior del sistema por los niveles superiores. Así que si los vientos en altura son débiles y varían poco en dirección, la energía puede seguir concentrándose, el sistema puede fortalecerse y transformarse en una depresión tropical. Llegado este punto, el sistema comienza a adquirir el familiar aspecto en espiral, debido al flujo de los vientos y a la rotación terrestre.

Si las condiciones oceánicas y de la atmósfera superior continúan siendo favorables, el ciclón sigue fortaleciéndose hasta convertirse en una tormenta tropical; las bandas de chubascos y tormentas añaden más calor y humedad y el ciclón pasa relativamente en poco tiempo a ser huracán. Es en este momento cuando suele formarse el llamado ‘ojo’ del huracán, debido a que el aire baja rápidamente por el centro, secando y calentando esa zona, en la cual no hay nubes y el viento está en calma.

El ciclo de vida de un huracán puede durar más de dos semanas sobre las aguas del océano; en ese período puede recorrer una larga trayectoria.

De la misma manera en que varios factores contribuyen a la formación de un huracán, existen otros que promueven su debilitamiento y disipación. El huracán puede debilitarse o disiparse sobre el mar, debido a la existencia de fuertes vientos superiores o gran diferencia en dirección y velocidad entre los vientos a diferentes niveles, desde la superficie hasta 10 a 12 kilómetros de altura. También puede debilitarse si se desplaza sobre aguas más frías o sobre una zona más seca.

Cuando un huracán alcanza tierra firme, pierde la fuente principal de humedad y la circulación superficial puede verse reducida por la fricción con la topografía del terreno. Por lo general, un ciclón tropical que está debilitándose puede volver a cobrar mayor intensidad si se desplaza hacia una región más favorable o interactúa con un sistema frontal de las latitudes medias.

Las condiciones generales de formación y desarrollo de los ciclones tropicales ocurren durante los meses de verano en los océanos tropicales del mundo, con la excepción del Atlántico Sur y de la porción Sudeste del Pacífico, debido a que en estas zonas, a pesar de ser tropicales, las capas superficiales del océano son relativamente frías, con temperaturas por debajo de los 26 grados C.

Oficialmente, la temporada ciclónica o de huracanes comienza el 1º de junio y termina el 30 de noviembre, en la cuenca del Atlántico -que comprende el Océano Atlántico, el Mar Caribe y el Golfo de México-. La parte más activa de la temporada es entre mediados de agosto y finales de octubre.

Por lo general, las zonas donde se forman los huracanes y las trayectorias que éstos siguen están relacionadas con el mes en que se forman.

Como regla, a comienzo y fin de la temporada -junio, octubre y noviembre- los ciclones tropicales se forman en el Mar Caribe occidental y en el Golfo de México, mientras que en los meses centrales de la temporada -julio, agosto y septiembre- se forman en el Atlántico, usualmente entre África y las Antillas Menores. Si se hace una idea del patrón general, se puede comprender mejor que en Cuba los meses más peligrosos son los del inicio y fin de la temporada, por su formación en el Mar Caribe occidental.

Cada año, se forman como promedio diez tormentas tropicales sobre el Océano Atlántico, el Caribe y el Golfo de México.

Cuando un huracán se acerca a una localidad, se incrementa la frecuencia y la intensidad de los chubascos y tormentas eléctricas, los vientos van aumentando y el tiempo en general va deteriorándose rápidamente. Después vendrá el huracán con toda su intensidad, y si el ‘ojo’ pasa por el lugar, entonces abruptamente vendrá la calma, el cielo estará despejado o con nubes altas; cierto tiempo después, volverá el huracán con toda su furia, y a veces lo peor ocurre después de pasar el ‘ojo’.

Las partes principales de la estructura horizontal de un huracán son el centro, vórtice u ‘ojo’, la pared del ‘ojo’ y las bandas espirales de lluvia que conforman el cuerpo del huracán. El aire se mueve hacia el centro en espiral, en dirección generalmente contraria a la de las manecillas del reloj y sale por arriba, a alturas entre 5 y 10 kilómetros, en la dirección opuesta.

El ‘ojo’ no existe en la depresión tropical ni en la tormenta tropical. Aparece cuando el ciclón está cercano a la categoría 2. Esto ocurre porque es necesaria una velocidad apreciable del viento que genere en el centro de rotación una zona donde las fuerzas se equilibren, y el aire descienda seco y más cálido, formando la zona sin nubes del ‘ojo’. El ‘ojo’ puede medir entre 30 y 60 Km. de diámetro.

La densa pared de tormentas eléctricas y chubascos que rodea al ‘ojo’, es la zona de mayor convergencia del aire superficial, por tanto es donde se encuentran los vientos más intensos del huracán. Un cambio en la estructura del ‘ojo’ y la pared del ‘ojo’ durante cualquier momento de la vida de un huracán, puede alterar la velocidad del viento, que es una indicación de la intensidad del sistema. El diámetro del ‘ojo’ puede aumentar o disminuir su tamaño y es posible que se formen dos paredes concéntricas alrededor del ‘ojo’. En los sistemas débiles pueden aparecer hasta dos y tres centros de circulación, pero por poco tiempo.

Las bandas de lluvia externas del huracán -cuyos vientos a menudo alcanzan intensidad de huracán o de tormenta tropical-, pueden extenderse a varios cientos de kilómetros del centro. A veces, estas bandas y el ‘ojo’ quedan ocultos por las nubes altas; en estos casos, puede resultar difícil para el meteorólogo el usar las imágenes de satélite para seguir el movimiento del ciclón, sobre todo si es de noche.

Aparte del movimiento de rotación en forma de espiral de los vientos alrededor del centro de baja presión, los ciclones tropicales se desplazan como un todo hacia regiones geográficas, a veces muy distantes de la zona donde surgió. La dirección del movimiento es gobernada por los sistemas que rodean al ciclón tropical, sean estos anticiclones u o­ndas superiores. Como para cierta época del año hay coincidencia de similar situación de los sistemas meteorológicos, se dan regularidades en el movimiento de los ciclones tropicales, aunque a veces se producen grandes excepciones.

El movimiento de los ciclones tropicales se produce de manera general en dos ramas de una parábola, la primera rama con rumbo general al Oeste u Oeste-noroeste, para llegar a un punto de recurva en el que disminuye su velocidad o se estaciona, para cambiar drásticamente la dirección de su movimiento, tomando entonces una segunda rama hacia el Norte, Norte-nordeste y después al Nordeste.

En los meses de junio, octubre y noviembre, el movimiento general es próximo al norte, mientras que julio, agosto y septiembre, las trayectorias son alargadas, extendiéndose desde la costa de África con orientación general hacia el Oeste.

Los ciclones tropicales se clasifican de acuerdo a la velocidad que alcanzan los vientos máximos sostenidos, de la siguiente manera:

Depresión tropical: vientos máximos sostenidos inferiores a 63 kilómetros por hora.

Tormenta tropical: vientos máximos sostenidos entre 63 y 117 kilómetros por hora.

Huracán: vientos máximos sostenidos superiores a 117 kilómetros por hora.

Se llama huracán al ciclón tropical totalmente desarrollado. Como los mismos se clasifican a partir de los vientos máximos sostenidos (1 minuto) y el poder destructivo de los huracanes aumenta rápidamente, ya que depende no de la velocidad del viento, sino del cuadrado de esta variable, se ha puesto en uso la clasificación de los huracanes en una escala de cinco categorías, llamada escala Saffir-Simpson.

Los huracanes de categoría 3 ó superiores se denominan huracanes de gran intensidad.

La velocidad de los vientos de un huracán de categoría uno está entre 118 y 153 kilómetros por hora. Los vientos pueden causar más daños a las edificaciones que en una depresión o tormenta tropical. También, hay más peligro de que vuelen objetos por causa de los vientos.

La marejada del mar asociada con un huracán de categoría uno puede subir de 1 a 1,5 metros por encima del nivel normal del mar. Los impactos locales dependen de la ruta del ‘ojo’ o vórtice del ciclón. Si el ‘ojo’ pasa a 100 kilómetros o más de una comunidad, los impactos no deben ser muy serios. Si el ‘ojo’ pasa a menos de 100 kilómetros de su comunidad, los residentes deben refugiarse en casas o edificios de bloque de concreto, ubicados en lugares protegidos y arriba de la zona de inundación.

Un huracán de categoría uno puede ser peligroso si pasa a menos de 100 kilómetros de una comunidad.

La velocidad de los vientos de un huracán de categoría dos está entre 154 y 177 kilómetros por hora. Los vientos de esta velocidad pueden causar muchos daños a las estructuras, especialmente el techo, las ventanas, puertas y materiales hechos de madera. También pueden resultar en caídas de árboles, cercas y otros objetos en la comunidad. Por eso, hay más peligro de objetos que vuelan por causa de los vientos. La marejada del mar asociada con esta categoría puede subir 1,5 a 2,5 metros por encima del nivel del mar.

Un huracán de categoría dos es peligroso si pasa a menos de 100 kilómetros de una comunidad.

La velocidad de los vientos de un huracán de categoría tres está entre 178 y 209 kilómetros por hora. La velocidad de sus vientos puede causar daños serios a las estructuras y los árboles, hasta causar la caída de los techos y las paredes no protegidas.

La marejada asociada con un huracán de categoría tres puede subir entre 2,5 y 3,5 metros por encima del nivel normal del mar.

Un huracán de categoría tres es muy peligroso si pasa a menos de 100 kilómetros de una comunidad. El agua del mar puede inundar comunidades costeras y áreas bajas hasta 2 ó 3 kilómetros de la costa.

La velocidad de los vientos de un huracán de categoría cuatro está entre 210 y 249 kilómetros por hora. Los vientos de esta categoría destruyen todos los edificios y casas de madera. Los vientos de un huracán de esta intensidad pueden causar muchos daños a los árboles, cercas y otros objetos.

La marejada asociada con un huracán de categoría cuatro puede subir entre 3,6 y 5,5 metros por encima del nivel del mar. La marejada se puede presentar varias horas antes del huracán e inundar los sitios costeros y áreas bajas hasta 2 ó 3 kilómetros de la costa.

La velocidad de los vientos de un huracán de categoría cinco es de más de 249 kilómetros por hora. Los vientos pueden destruir todas las estructuras, incluso las construidas con bloques de concreto.

La marejada asociada con un huracán de categoría cinco puede subir más de 5,5 metros por encima del nivel del mar. La marejada se puede presentar unas horas antes del huracán e inundar totalmente los sitios costeros y áreas bajas hasta 3 kilómetros ó más de la costa.

Un huracán de categoría cinco es mortífero si pasa a menos de 100 kilómetros de una comunidad.

Geografia e Historia

Posted by | Posted in Geography, History | Posted on 01-12-2008

CARACTERISTICAS GEOGRAFICAS y algo de Historia

De Manuel Castro Rodriguez

“Se debe estimular la participación ciudadana por medio de un debate programático, dado que como expresa el secretario general de la Organización de Estados Iberoamericanos: ‘Ciudadanía supone libertad, igualdad, pertenencia, dignidad, respeto y diálogo’. En ese debate no hay lugar para las vulgaridades ni las diatribas. Hay que aprender a rebatir con ideas y no tratar de descalificar a los que piensan diferente”.

Por ello, proponemos: “Qui si convien lasciare ogni sospetto;/Ogni viltá convien che qui sia morta”, que en castellano significa: “Déjese aquí cuanto sea recelo;/Mátese aquí cuanto sea vileza”. (Dante, La divina comedia).

Siguiendo al historiador catalán Joseph Fontana -para quien la finalidad principal de la investigación histórica es ayudar a los hombres a que mediante el desciframiento del pasado, puedan comprender las razones que explican su actual comportamiento y las perspectivas de las que deben partir en la elaboración de su futuro-, nos proponemos utilizar la herramienta del análisis histórico, para la transformación del presente, no como el acostumbrado quehacer cotidiano adornado con invocaciones revolucionarias que no se realizan.

Engels expresó: “Así como Darwin descubrió la ley del desarrollo de la naturaleza orgánica, Marx descubrió la ley del desarrollo de la historia humana: el hecho, tan sencillo, pero oculto bajo la maleza ideológica, de que el hombre necesita, en primer lugar, comer, beber, tener un techo y vestirse antes de poder hacer política, ciencia, arte, religión, etc.; que, por tanto, la producción de los medios de vida inmediatos, materiales, y por consiguiente, la correspondiente fase económica de desarrollo de un pueblo o una época es la base a partir de la cual se han desarrollado las instituciones políticas, las concepciones jurídicas, las ideas artísticas e incluso las ideas religiosas de los hombres y con arreglo a la cual deben, por tanto, explicarse, y no al revés, como hasta entonces se había venido haciendo”.

Transformar el mundo, dijo Marx; cambiar la vida, dijo Rimbaud: estas dos consignas para nosotros son una sola”, expresó André Breton.

Para poder cambiar algo, tenemos que estar vivo. Y para estar vivo, necesitamos satisfacer nuestras necesidades más elementales: comer, vestirnos, resguardarnos de las inclemencias del tiempo. Esto le ocurre a todo el mundo ¿o no?

En el Prólogo a la Contribución a la Crítica de la Economía Política, Karl Marx expresa: “El modo de producción de la vida material condiciona el proceso de la vida social política y espiritual en general. No es la conciencia del hombre la que determina su ser sino, por el contrario, el ser social es lo que determina su conciencia”.

Manuel Moreno Fraginals -historiador marxista cubano, ya fallecido- expresó: “Creo que, metodológicamente, hay dos aspectos básicos del Caribe sin los cuales no hay posible acercamiento a su comprensión: la geografía y la demografía caribeña”. Vamos a comenzar a analizar la sociedad cubana, describiendo las características geográficas de nuestra patria.

El geógrafo alemán Friedrich Wilheim Heinrich Alexander, Barón de Humboldt (1769-1859), llamó “Mediterráneo de muchas bocas” al Mar Caribe. Dentro de ese espacio geográfico, destaca el archipiélago cubano por su privilegiada ubicación estratégica, a tal punto que desde los tiempos de Felipe II, se conoce a Cuba como ‘La Llave del Golfo’.

Cuba era paso obligado para el tránsito a Nueva España y el Perú, punto esencial para el control del tráfico comercial oceánico y zona inmejorable para la práctica del contrabando. La prohibición de comerciar con el extranjero produjo un gran incremento del contrabando, que sirvió de incentivo a los numerosos corsarios y piratas que asolaron los mares hasta muy entrado el siglo XVIII. Realizaron frecuentes incursiones en las costas cubanas, saqueando pueblos y ciudades sin exceptuar la capital, obteniendo espléndidos botines.

Con una dotación de 200 hombres y varias baterías de cañones, el Castillo de los Tres Reyes del Morro fue pieza clave en la defensa de La Habana contra los ataques de corsarios y piratas. Su construcción comenzó en 1589 y concluyó en 1630, en el lado Este del canal de acceso al puerto de La Habana. Esta fortaleza semeja un polígono irregular, ya que sus constructores tuvieron que adaptarse a las características topográficas del arrecife sobre el que fue erigido. Armada con artillería pesada, entre otras con una batería de 12 cañones con el nombre de los 12 apóstoles, fue considerada inexpugnable durante unos 150 años.

En 1762, durante la toma de La Habana por los ingleses, el Castillo del Morro -comandado por el Capitán de Navío Luis V. de Velasco-, resistió heroicamente desde el 6 de junio hasta el 12 de agosto, el asedio de tropas conjuntas del ejército y la marina británicos, comandadas respectivamente por el conde de Albemarle y el Almirante Sir George Pocock. Los ingleses sólo pudieron apoderarse de La Habana, después de hacer estallar una mina bajo los muros del Castillo del Morro. Pocos años después de su construcción, al Castillo se le anexó un faro, que en sus orígenes era de cal y canto, y utilizaba leña como combustible. En 1845, el viejo faro fue sustituido por otro de sillería, de 45 metros de altura sobre el nivel del mar, el mismo que existe actualmente, constituyendo una de las imágenes más conocidas de la capital cubana.

Un año más tarde, a través del tratado de Fontainebleau -6 de julio de 1763- se acordó la devolución de La Habana a España, a cambio de la península de La Florida. Luego de la retirada de los británicos se comenzó con la reconstrucción de la ciudad y del Castillo de los Tres Reyes del Morro.

En 1763, comenzó a construirse -quedó concluida en 1774- en la alta ribera Este del puerto de La Habana, la Fortaleza de San Carlos de La Cabaña, que es la mayor de las instalaciones militares creadas por España en América. La Fortaleza de la Cabaña forma un polígono compuesto por baluartes, fosos, camino cubierto, cuarteles y almacenes. Su diseño constituye un exponente del cambio experimentado en los sistemas defensivos durante el siglo XVIII, debido a los progresos de la artillería.

Las fortificaciones de La Habana mantuvieron a raya a los corsarios y piratas.

Cuba era la región de América, donde más rápidamente repercutían los conflictos entre las potencias europeas, como lo demuestra la toma de La Habana por los ingleses y su posterior devolución a cambio de La Florida, que actualmente es uno de los territorios más ricos de Estados Unidos.

Los motivos expuestos ayudan a entender la importancia de Cuba, tanto por razones militares como económica: la excelencia de las maderas cubanas y la posibilidad de reafirmar a Cuba como floreciente productora de artículos de extraordinaria aceptación en el Viejo Mundo: azúcar, tabaco, cacao, etc.

Cuando Cristóbal Colón llegó a lo que después sería Cuba, expresó: “Ésta es la tierra más hermosa que ojos humanos vieron”. Posteriormente, los británicos se adueñaron de La Habana, durante un año. Finalmente, Estados Unidos ha hecho todo lo posible por apropiarse de Cuba, la ‘Perla del Caribe’.

La historia cubana podría dividirse en varios períodos de duración harto desigual, y de interés e importancia aún menos proporcionados, pero que permiten comprender y precisar mejor las bases de su desarrollo socioeconómico. Proponemos la siguiente:

Primer período: Desde la llegada de Cristóbal Colón hasta la conquista y colonización por Diego Velásquez.

Segundo período: Abarca hasta la radicación definitiva de la capital en el lugar que hoy ocupa.

Tercer período: Caracterizado por las fechorías de los piratas y corsarios en nuestras costas, debe llegar hasta la toma de La Habana por los ingleses, en 1762.

Cuarto período: Comprendería desde la devolución de La Habana a la Corona de España, en 1763, y se extendería hasta 1808, tiempo de grandes reformas y de progreso en casi todas las esferas, ya que la esclavitud continuaba.

Quinto período: Abarcaría desde 1808 hasta 1837, e incluiría, por consiguiente, el breve período de la identidad de las vicisitudes políticas y del régimen constitucional con España.

Sexto período: Se caracterizaría por la prosperidad comercial- basada en la esclavitud-, las conspiraciones políticas y el malestar social, y llegaría hasta 1868.

Séptimo período: Comprendería los diez años de la primera guerra de liberación.

Octavo período: Abarcaría la evolución política, social y financiera que se inicia con la Paz del Zanjón, o sea, desde 1879 hasta 1894.

Noveno período: Incluiría desde el Grito de Baire, dado el 24 de febrero de 1895, hasta el 19 de mayo de 1902.

Décimo período: Abarcaría desde la proclamación de la República el 20 de mayo de 1902, hasta la derogación de la Enmienda Platt.

Decimoprimero período: Abarcaría desde la derogación de la Enmienda Platt hasta 1958.

Duodécimo período: Incluiría de 1959 hasta 1970.

Trigésimo período: Abarcaría desde 1971 hasta 1989.

Decimocuarto período: Incluiría de 1990 al presente.

Sin embargo, algunos consideran que la verdadera historia de Cuba empieza en 1763, después que España recuperó La Habana. La Universidad existía desde principios del siglo XVIII, pero aún no habían podido cosecharse los frutos de su fundación.

El Arsenal, establecido en La Habana, adquirió gran importancia, porque la excelencia de las maderas cubanas aseguraba notoria superioridad a las naves construidas en Cuba. El traslado del Apostadero de la escuadra de Barlovento desde Veracruz al puerto habanero, aumentó considerablemente su importancia y seguridad.

Sucesivas disposiciones aliviaron primero y destruyeron después, el sistema de privilegios comerciales, mal llamados del ‘Pacto colonial’ y abrieron los puertos de Cuba al tráfico universal que había de proporcionarle en breve plazo, una prosperidad extraordinaria. Pero ninguno de estos poderosos elementos de progreso habría llegado a ser tan grande, sin el despertar y la fuerte sacudida que siguió a la recuperación de La Habana; algunos gobernantes de aquella época y los cubanos que se distinguieron brillantemente en todos los campos –menos en el de los derechos humanos-, transformaron en buena medida a Cuba, aunque pesaba sobre ella la afrenta de la esclavitud, que poco tiempo después denunciaría el Barón de Humboldt, cuya obra sería prohibida en Cuba.

La primera vez que el Barón de Humboldt fue a Cuba, lo hizo en un barco procedente de Venezuela; así describe su primer contacto con nuestra patria: “Entramos en el puerto de La Habana el 19 de diciembre, después de 25 días de travesía a través de un constante mal tiempo… La vista de La Habana, a la entrada del puerto, es una de las más alegres y pintorescas de que pueda gozarse en el litoral de la América equinoccial, al norte del ecuador…” Tiene especial mención a nuestras palmas, que describe como “…crecen derechas hacia el cielo…”. ¿Qué cubano que resida en el extranjero no añora ver el paisaje que describe el Barón de Humboldt?

La isla de Cuba es la mayor entre las Antillas Mayores, constituyendo su porción más occidental. Cuba está situada a la entrada del Golfo de México, en el Mar Caribe. Las tierras más próximas a Cuba son: al Este, Haití (77 kilómetros); al Oeste, la Península de Yucatán (210 kilómetros); al Norte, la Península de La Florida (180 kilómetros); y al Sur, Jamaica (140 kilómetros).

Cuba domina las dos entradas al Golfo de México al Oeste, el Estrecho de La Florida al Norte y el Canal de Yucatán al Sur.

El archipiélago cubano está formado por la Isla de Cuba, la Isla de la Juventud –antes se denominaba Isla de Pinos- y unas 1600 isletas y cayos agrupados en cuatro conjuntos que son los archipiélagos de Los Colorados, Jardines del Rey o Sabana-Camagüey, Jardines de la Reina y Canarreos.

La isla de Cuba se extiende a lo largo de unos 1.200 Km. desde el Cabo de San Antonio, al Oeste, hasta la Punta de Maisí, su extremo oriental, y tiene una anchura que varía entre los 32 y 210 kilómetros. Cuenta con unos 4 mil Km. de costas, y su forma alargada y estrecha ha sido comparada con la figura de un caimán.

La divisoria principal de las aguas da lugar en el Archipiélago a dos vertientes hidrográficas, la septentrional y la meridional. Sus cuencas son de forma estrecha y alargada, formadas por ríos de curso corto y caudal reducido. Los ríos fluyen en dirección norte o sur, con excepción del mayor de los ríos de Cuba, el Cauto que corre de este a oeste. El río más largo es el Cauto, de 250 Km. de longitud, seguido del Sagua la Grande y el río Zaza. El más caudaloso es el río Toa.

Los cayos y los arrecifes de coral se extienden a lo largo del litoral. Por su origen, el tipo de costas coralinas es el más extendido en el Archipiélago, existiendo también las costas de falla al sur de las provincias orientales. Son características en la Isla, las costas bajas y pantanosas y las acantiladas. Los mares que bañan las costas del archipiélago son: al Norte y al Este, el Océano Atlántico; al Sur, el Mar Caribe; y al Oeste, el Golfo de México.

La línea de costa de Cuba es extremadamente irregular y está formada por numerosos golfos y bahías, como los golfos de Batabanó y Guacanayabo, y la Bahía de Cochinos. La Isla cuenta con excelentes y abundantes puertos naturales que conforman bahías; las más notables son las de La Habana, Cárdenas, Matanzas y Nuevitas en la costa norte, y Guantánamo, Santiago de Cuba y Cienfuegos en la costa sur.

Dada la configuración estrecha de la principal Isla que conforma el archipiélago cubano, nuestros ríos no son ni largos ni muy caudalosos, pero el déficit de aguas superficiales se compensa con la gran disponibilidad de aguas subterráneas, facilitada por el grueso macizo calizo que se prolonga a lo largo de Cuba desde Guanahacabibes hasta la cuenca del Cauto. Ese manto posee una gran capacidad de absorción de aguas en áreas muy extensas y, por ello, la infiltración es cuantiosa.

Es por eso que en Cuba hay tantos ríos que tienen sumideros, o sea que se internan en las profundidades para luego aparecer de nuevo, como el famoso Cuyaguateje o río ‘cuya agua teje’.

Los lagos de agua dulce son muy pequeños. Tradicionalmente, se ha considerado a la Laguna de Ariguanabo, como la más extensa del país, pero ha ido disminuyendo su caudal y extensión a medida que se taló la zona y se extrajo agua para el abastecimiento de industrias y ciudades. Otra laguna importante es la Laguna del Tesoro, en la Ciénaga de Zapata; su forma es circular encontrándose su región más ancha de este a oeste (3.200 m) y su largo máximo de norte a sur (4.000 m). Su superficie es de 9 Km², con una profundidad que no pasa los 10 metros. La región lacustre más importante se encuentra al occidente de la Isla en el Istmo de Guanacabibes, donde de costa a costa, se suceden más de 100 lagunas, en su mayoría originadas en depresiones de fondo arcilloso. La mayor de éstas es la Laguna del Pesquero, de unos 4 Km2 de superficie.

Las precipitaciones medias anuales son de 1.320 milímetros. y están distribuidas geográficamente en una forma bastante equilibrada. Ese promedio sitúa a Cuba muy por encima de la media mundial. Con una humedad relativa del 75%, el promedio de días de lluvia está entre 80 y 100. En necesario señalar que hay factores regionales que pueden modificar los elementos del clima, entre ellos: la altura, naturaleza del suelo y presencia o ausencia de vegetación.

En los últimos años, Cuba se ha visto azotada por una sequía tras otra, lo que guarda estrecha relación con la deforestación y los incendios forestales; el índice de deforestación era de 4,6% en 2006, siendo Ciudad de la Habana (32,6), Holguín (8,9), Guantánamo (8,5) y Villa Clara (8,0) las provincias más deforestadas. En 1997, se produjeron 252 fuegos forestales en Cuba, cifra que aumentó a 263 en 1998, dejando como saldo miles de hectáreas debosques chamuscadas. Pinar del Río, Matanzas y Camagüey son las provincias más afectadas por los incendios de regulares y grandes proporciones, con pérdidas de 29.676 hectáreas entre 2001 y 2006.

En 2005, el viceministro del sector, José Díaz Duque, declaró que la degradación de los suelos y la deforestación son los principales problemas ambientales de Cuba. Cerca de un 60% de la tierra cubana está sometido a algún tipo de factor de extenuación. Durante la conferencia inaugural de la V Convención Internacional sobre Medio Ambiente y Desarrollo, que se realizó en La Habana, el viceministro afirmó que esos problemas son el resultado de años de malas prácticas productivas y sobreexplotación de los terrenos.

El calentamiento de Cuba se debe a que la Isla está casi rodeada por la contra-corriente cubana, formada por una rama de la corriente ecuatorial del norte, que se separa de esta a nivel del Canal Viejo de Bahamas y va rodeando la costa norte de la Isla hacia el oeste, a la altura del Cabo de San Antonio gira bordeando la costa sur hacia el este. El efecto de esta corriente se refuerza por la corriente contraria de igual naturaleza, denominada corriente ecuatorial del sur y del norte. Al mezclarse estas dos corrientes originan la del Golfo, la que se interna posteriormente en el Atlántico. Este panorama provoca un reforzamiento térmico de la contracorriente cubana, principalmente en la región norte y occidental de la Isla.

Atendiendo a lo antes mencionado y a la ubicación geográfica de Cuba en la zona tórrida o intertropical, su clima se clasifica como húmedo de sabana, con dos estaciones bien definidas: la seca -invierno, de noviembre a abril-, y la lluviosa -verano, de mayo a octubre-. De ahí las expresiones populares: ‘El agua de abril cabe en un barril’ y ‘Octubre todo lo pudre’.

A diferencia de la mayor parte de las Antillas Mayores, Cuba es un país de llanuras. Aproximadamente, una cuarta parte de la superficie de Cuba es montañosa. Las colinas se encuentran en toda la Isla y alternan con las llanuras. Las cadenas montañosas son de poca elevación; las más notables son la Sierra del Rosario -en la región occidental-, la Sierra del Escambray -en la región central- y la Sierra Maestra -en la región oriental-. Esta última, ubicada en el sureste del país, es la de mayor altitud y extensión, y en ella se encuentra la mayor elevación de Cuba: el Pico Real del Turquino: 1.974 metros sobre el nivel del mar.

Cerca del 75% de la superficie cubana está compuesta por tierras llanas o suavemente o­nduladas, lo cual hace fácil su cultivo. Según datos del año 2006, el área agrícola es de 6.6 millones de hectáreas, de las cuales 3.1 millones está cultivada, mientras que 2.3 millones son pastos naturalesy 1.2 millones está ociosa.

El relieve y el clima de Cuba favorecen la fertilidad de los suelos. Además, esas tierras son profundas en capa vegetal, a diferencia de muchos países tropicales donde existe un precario equilibrio ecológico que no resiste la intervención humana, como en efecto sucede en grandes áreas del Amazonas. Según Levi Marrero –geógrafo cubano, ya fallecido-, los suelos de Cuba contienen “vastísimas áreas de latosoles, típicos suelos zonales, profundos y maduros resistentes al abuso del monocultivo secular y la erosión,….constituyen otra de las excepciones que dan a Cuba una posición única en el mundo inter-tropical…”. Esto está confirmado por infinidad de científicos que desde el Barón de Humboldt hasta el presente, se han percatado de dicha característica.

Cuba cuenta con una amplia variedad de vegetación tropical. La flora cubana se caracteriza por su extraordinaria riqueza, localizándose entre 7500 y 8000 especies, de las cuales 6000 son plantas superiores y es muy notable que un 50 por ciento de las mismas sean endémicas. La especie de árbol predominante es la palma, de la que Cuba posee más de 30 especies endémicas, destacando la palma real. Otras especies de la flora autóctona son: pino, caoba, ébano, encina y mangle. Entre los árboles y plantas frutales, se destacan el banano y los cítricos.

La temperatura promedio ha aumentado ligeramente en los últimos años. La temperatura media anual en invierno es de 25 grados C y en verano es de 28 grados C. Lahumedad relativa es de 80%. Los extremos de calor y de humedad relativa, son provocados por los vientos dominantes del noroeste. Cuba se encuentra en una región de vientos alisios y frecuentemente es afectada por violentos huracanes, que se producen de junio a noviembre, siendo los meses de septiembre y octubre los más peligrosos tanto por su frecuencia de paso como por la intensidad.

En Cuba, se registran las mayores oscilaciones de temperatura de las Antillas; esto se debe a factores que modifican el clima. Entre ellos, el hecho significativo de que la isla de Cuba está situada en unas latitudes “cuyo arco convexo parece alcanzar la línea del Trópico de Cáncer, del cual dista en su extremo septentrional la Punta del Francés unos 22 Km. A tan corta distancia del Norte de Cuba alcanzan su recorrido hacia el Norte los rayos solares verticales del solsticio de verano, antes de reiniciar casi frente a La Habana su viaje de retorno, de junio a diciembre…Esta posición marginal dentro del mundo tropical junto a un mar tibio que envuelve la Isla de configuración atenuada facilita la acción de los alisios todo el año sin que su influencia sea interferida por altas montañas….. {lo que} incluye a Cuba dentro de una categoría denominada clima de litoral de alisios”.

Ello explica científicamente, lo que decíamos los cubanos cuando comparábamos a nuestra patria con países tropicales o subtropicales: en Cuba, en el verano hay calor, pero corre la brisa; cualquiera se puede refrescar a la sombra. Desgraciadamente, esto ha cambiado, ya no es tan fácil refrescarse a la sombra.

La cercanía de Cuba a la gran masa continental facilita el descenso tonificante de las temperaturas. El invierno cubano -de diciembre a abril- es más seco y resulta delicioso con días brillantes y temperaturas muy agradables. Existen localidades donde desciende la temperatura a 12 grados C y a veces menos, lo cual resulta muy beneficioso para algunos cultivos de vegetales de invierno, que requieren algún descenso de temperatura, seguido de calor.

Cuba no es un país grande, pero es mayor que Escocia (78,8 Km²) y Gales (33.3 Km²) y un poco menor que Inglaterra (129,7 Km²). Dentro de las clasificaciones geográficas, Cuba clasifica dentro del tipo intermedio o mediano: de 100 mil a 250 mil Km².

No obstante, ese dato no es tan importante como parece, pues países con enormes extensiones de terreno no logran colonizarlas, como sucede en Brasil, Canadá y Rusia. Cuba es diferente, pues el 80% de su superficie tiene valor económico agrícola, lo cual hace que su área que representa el 0,081% de la tierras emergidas, constituye el 0,15% del área económica mundial.

Una comparación interesante: La superficie deMéxico es de 1.972 M Km², mientras que la superficie de Cuba es de 111 M Km². Es decir, la superficie deMéxico es 18 veces mayor que la superficie de Cuba, pero México sólo tiene un 12% de suelos de primera clase, mientras que Cuba cuenta con un 60% de suelos de primera clase.

Otra comparación interesante: En el 2006, con una superficie de 111 M Km² -el 75% de la superficie cubana son terrenos llanos o suavemente o­ndulados-, Cuba tenía una población residente de 11,2 millones de habitantes –o sea, 101 personas por Km²-, mientras que la superficie de Taiwán es de 36 M Km2 –el 66% de su superficie son montañas y colinas-, y tenía una población residente de 22,9 millones de habitantes –o sea, 636 personas por Km²-.

El clima de Taiwán es marino tropical; periodo lluvioso con el monzón del sudoeste entre junio y agosto. En Taiwán, los cielos cubiertos son habituales a lo largo del año, mientras que Cuba tiene un promedio de 330 días de sol al año.

La plataforma insular de Cuba incluye casi 75 M Km², o sea el 68% del territorio emergido. La sección más ancha al este de la Isla de la Juventud tiene 140 Km. de extensión. Con una profundidad de tres brazas en muchas partes, es un criadero natural para la pesca.

Cuba posee 3500 kilómetros de costas; 1700 Km. en la costa norte y 1800 Km. en la sur. Contando los cayos adyacentes y las entradas y salidas, se elevarían a 11 M Km.

Cuba tiene más bahías de primera que algún otro país de condiciones semejantes. Los 15 países del mediterráneo americano -el Golfo y el Mar Caribe- poseen un área total de 4.751 M Km², de la que Cuba representa sólo el 2,4%, pero en el número de bahías naturales Cuba tiene el 27,7% del total.

Es de sobra conocido, el caudal de playas de primera, que se cuentan por cientos en el archipiélago cubano. En un mundo que valora cada vez más la oportunidad de disfrutar de playas en climas acogedores, el potencial cubano es enorme.

En las aguas cubanas hay más de 700 especies de peces y crustáceos. De ellos, los que más se destacan son: tiburón, pargo, bonito, carpa, langosta, ostra, cojinúa y camarón.

En la fauna terrestre de Cuba predominan los invertebrados, existen no menos de 7000 especies de insectos, 4000 de moluscos y 500 arácnidos. El endemismo es notable en los invertebrados, en los vertebrados y en los géneros de una sola especie muy localizados. La reiteración del enanismo es otra característica de la fauna cubana, donde vive la rana, el murciélago, el ave y el alacrán más pequeño del mundo.

Uno de los mamíferos terrestres endémicos es la jutía o almiquí. En Cuba se encuentran un gran número de murciélagos, como el murciélago mariposa, y cerca de 300 especies de aves, en especial rabijunco, cayama, catey o periquito de Cuba, flamenco, grulla, loro, zunzuncito y otros. Entre los escasos reptiles, se encuentran la tortuga, la iguana, el cocodrilo y el majá.

Cuba también cuenta con considerables reservas minerales; los depósitos de níquel, cromo, cobre y manganeso son los más importantes. Posee las mayores reservas mundiales de níquel. En cobalto ocupa el primer lugar en el hemisferio occidental.

Hasta ahora, la única deficiencia de Cuba es en minerales combustibles, deficiencia que es subsanable como lo demuestra el caso japonés. Sin embargo, últimamente se ha rumorado que las reservas de petróleo en Cuba son posiblemente mucho más grandes de lo pensado. Se trata de alrededor de 20 mil millones de barriles de crudo en la Zona Económica Exclusiva en el Golfo de México, dos veces más de lo que se calculaba anteriormente. Con ello, las reservas cubanas se podrían comparar con las de EE.UU. y serían dos veces más grandes que las de México. En caso que los cálculos sean correctos, Cuba se transformaría en uno de los 20 mayores países productores de petróleo del mundo.

La ubicación de Cuba es excepcional. Un edén en un extremo del mundo es difícil de aprovechar. Pero Cuba se encuentra precisamente en un punto estratégico, en una encrucijada definida por José Martí con su acostumbrada visión:

“nudo de haz de islas donde se ha de cruzar el comercio de los continentes….crucero del mundo…un pueblo libre, en el trabajo abierto a todos enclavado a las puertas del universo rico e industrial”.

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