de Manuel Castro Rodriguez
Los ciclones azotan a Cuba desde mucho antes de la llegada de los conquistadores. En la década del 50 del siglo XX Cuba se encontraba entre los 3 ó 4 primeros países latinoamericanos. la llegada de los conquistadores españoles, en 1492. ‘Jurakán’ era el dios de las tormentas de los aborígenes cubanos. Gracias a Fray Bartolomé de Las Casas, redactor de la conocida Historia de las Indias, la palabra ‘jurakán’ transitó hacia el castellano para denominar al más devastador fenómeno meteorológico tropical.
A pesar del daño que históricamente nos han causado los ciclones, a principios de la década del 50 del siglo XX Cuba se encontraba entre los 3 ó 4 primeros países latinoamericanos, por su nivel de desarrollo. Eugenio Staley, autor de The Future of Underveloped Countries (Harper, Nueva York, 1954), ubica a Cuba entre los países de desarrollo intermedio: Argentina, Austria, Cuba, Checoslovaquia, Chile, España, Finlandia, Hungría, Irlanda, Israel, Italia, Japón, Polonia, Portugal, Puerto Rico, Unión Sudafricana, URSS, Uruguay y Venezuela.
Según The Future of Underveloped Countries, los países altamente desarrollados en 1954 eran Australia, Bélgica, Canadá, Dinamarca, Estados Unidos, Francia, Holanda, Noruega, Nueva Zelanda, Reino Unido, Suecia y Suiza.
Sesenta y ocho países (68) eran considerados subdesarrollados por The Future of Underveloped Countries.
Los residentes en Cuba pueden verificarlo en el libro Curso de Economía Moderna, edición de 1959, escrito por Paul A. Samuelson, premio Nobel de Economía 1970, que pueden consultar en la biblioteca de la Facultad de Economía (UH) y en la Biblioteca Nacional.
Los residentes en España pueden comprobarlo en la edición de 1960 del libro Curso de Economía Moderna, escrito por Paul A. Samuelson.
A pesar de los ciclones, Cuba ocupaba el primer lugar en el Caribe en cuanto a recepción de turistas. Para conservar la cuota de mercado que Cuba tenía en la década del 50, debiera estar acogiendo a 4 millones de turistas, o sea, el doble de lo que recibe ahora. Se conocía a Cuba como la Perla del Caribe.
En Un aporte al análisis marxista de la sociedad cubana (Primera parte),expresé:
“El explorador y científico alemán Friedrich Wilheim Heinrich Alexander, Barón de Humboldt (1769-1859), llamó ‘Mediterráneo de muchas bocas’ al Mar Caribe. Dentro de ese espacio geográfico, destaca el archipiélago cubano por su privilegiada situación estratégica, a tal punto que desde los tiempos de Felipe II, se conoce a Cuba como ‘La Llave del Golfo’.”
Lo único malo de la excelente ubicación geográfica de Cuba es que muchos de los ciclones que se forman en las Antillas Menores y el Mar Caribe, azotan al archipiélago cubano. Salvando las distancias, los ciclones son para los cubanos como las tormentas de nieve para los canadienses y escandinavos. Preferiríamos que no existiesen los ciclones, pero sabemos que tendremos que seguir conviviendo con estos fenómenos atmosféricos, al menos hasta que el desarrollo científico-técnico permita eliminarlos algún día.
Según la Real Academia Española, el término ‘geografía’ significa: “Ciencia que trata de la descripción de la Tierra”.
Aunque el Padre Félix Varela Morales (1788-1853), en su obra ‘Doctrinas Físicas’, y José Antonio Saco López Cisneros (1797-1879), en sus tratados de Física, realizan explicaciones geográficas, es Felipe Poey Aloy (1799-1891) quien en 1838 edita el primer libro de texto cubano sobre Geografía, titulado Cartilla Geográfica, del cual se hizo una segunda impresión en 1855.
En 1855 Poey también publicó el Compendio de Geografía de la Isla de Cuba, primera obra de su tipo escrita e impresa en el país. Al siguiente año, dio a la luz un Compendio de Geografía Moderna, utilizado en colegios y escuelas de enseñanza media, para el cual, su hijo mayor, Andrés Poey Aguirre (1825-1919), destacado meteorólogo, confeccionó un Atlas.
La lista de sociedades científicas extranjeras que acogieron a Felipe Poey Aloy y le rindieron honores es extensa: en mayo de 1851 fue nombrado corresponsal del Liceo de Historia Natural de Nueva York; en junio de 1863 fue elegido miembro de honor de la Sociedad de Ciencias de Buffalo; en enero de 1864 le otorgaron la membresía de la Sociedad Entomológica de Filadelfia; en marzo, la de corresponsal de la Sociedad de Historia Natural de Boston: y en diciembre, la Sociedad de Historia Natural y Horticultura de Massachsetts lo incorporó como corresponsal. La Academia de Ciencias de Filadelfia determinó reconocerlo como corresponsal, en septiembre de 1873.
Formó parte de varias instituciones europeas: la Sociedad de Amigos de la Historia Natural Berlinesa, de la que fue miembro de honor desde 1864; la Sociedad Española de Historia Natural, a la que ingresó en 1872; y la Real Sociedad Científica de Londres, a partir de noviembre de 1836.
La inclusión de la Geografía en la Educación Superior en Cuba, se produce en la Universidad de la Habana en 1844, en la cátedra de Historia, denominándose Cátedra de Geografía e Historia, siendo explicada por José María de la Torre. Desapareció del programa de estudios en 1899.
Desde 1850 aproximadamente, Andrés Poey Aguirre estableció un pequeño observatorio meteorológico, y comenzó a informar de sus observaciones a instituciones de Francia y Estados Unidos. En 1857 se decidió crear con carácter oficial, el Observatorio Físico-Meteórico de La Habana, que fue colocado bajo la dirección del propio Andrés Poey. Posteriormente se vio involucrado en la creación de un observatorio meteorológico para la Comisión Científica de México -que se estableció durante la intervención en ese país-. En 1869 fue cesanteado por las autoridades coloniales y se radicó en Francia, donde se distinguió como un ardiente positivista y pacifista. Las principales observaciones meteorológicas de Andrés Poey tienen que ver con la clasificación y el movimiento de las nubes. El vacío dejado por su observatorio fue ocupado en 1858 por el Observatorio del Real Colegio de Belén, que desde 1870 estuvo dirigido por el padre Benito Viñes (1837-1893), meteorólogo catalán que realizó aportes relevantes al estudio de los ciclones tropicales, incluyendo una teoría empírica sobre su traslación.
En 1889 se ubicó el Observatorio de la Comandancia de la Marina, en el lugar de la antigua Lonja del Comercio. En 1908 aparece por primera vez el nombre de Observatorio Nacional, adscrito a la Secretaría de Agricultura, Comercio y Trabajo; se situó en el lugar en que hoy se encuentra el Instituto de Meteorología, en Casablanca.
En 1861 se creó la Real Academia de Ciencias Médicas, Físicas y Naturales de La Habana, única de su tipo que existió en una colonia hispana.
El 4 de enero de 1919 murió Andrés Poey Aguirre, precursor de la meteorología científica en Cuba.
El 22 de agosto de 1922 se realizó la primera transmisión radial del pronóstico del tiempo en Cuba.
En febrero de 1924 el Dr. Salvador Massip Valdés (1891-1978) comenzó a laborar como profesor de Geografía, en la Universidad de la Habana. A instancias del Dr. Massip y después de un arduo y sostenido trabajo de concientización en el marco universitario, se creó la Cátedra Libre de Geografía en la Universidad de la Habana. La Geografía logró incluirse de forma obligatoria en los planes de estudio de las escuelas de Pedagogía y Filosofía y Letras. En 1934 se fundó otra cátedra de Geografía en la Escuela de Derecho Diplomático, denominándose Cátedra de Geografía Política, Social y Económica de Cuba. También se amplió la cátedra existente en la Escuela de Filosofía y Letras.
Entre 1937 y 1952 el Dr. Salvador Massip realizó notables contribuciones a la pedagogía cubana. Introdujo la asignatura de Geografía Económica y creó un laboratorio de Geografía en la Universidad de la Habana.
En 1942, como consecuencia de la segunda guerra mundial, el Observatorio Nacional pasó a la Marina de Guerra.
El Dr. Salvador Massip expresó que los ciclones tropicales figuran entre los rasgos más sobresalientes del clima cubano, considerado entre los mejores del mundo por sus brisas, cielo claro y azul, con días brillantes e invierno suave.
Según la Real Academia Española, el vocablo ‘ciclón’ significa: “En meteorología, zona de baja presión atmosférica rodeada por un sistema de vientos que en el hemisferio norte se mueven en sentido opuesto a las agujas del reloj, mientras que giran en sentido contrario en el hemisferio sur”.
Los ciclones empiezan como ondas tropicales en alta mar, donde el agua tiene una temperatura de más de 26 grados centígrados. Una onda tropical es un sistema de tiempo caracterizado por una baja presión atmosférica que facilita la formación de nubes y lluvia, como resultado de la evaporación del agua del mar y la subida de aire caliente. Cuando este sistema comienza a rotar, se convierte en un ciclón tropical.
La rotación funciona como una chimenea que succiona el aire alrededor de los bordes del sistema, que se mantiene gracias al constante abastecimiento de aire caliente. Esta succión es más fuerte en el centro del ciclón y facilita la subida del aire en la atmósfera, hasta unos kilómetros de altitud. A medida que sube el aire, éste se enfría y se convierte en nubes que forman las bandas circulares, que son características en las tormentas tropicales y ciclones. A medida que crece el ciclón, se forma una célula en su centro que se llama ‘ojo’ o vórtice del ciclón, que se caracteriza por el buen tiempo existente en él. En contraste, en las márgenes del ‘ojo’ o vórtice, se encuentran los vientos, lluvias, olas de tormenta más intensos y otras características peligrosas de estos sistemas.
Una onda tropical no es un ciclón tropical porque no tiene la rotación interna que caracteriza a las tormentas tropicales y los huracanes. Sin embargo, las ondas tropicales son relevantes porque son las raíces de los ciclones tropicales. Una onda tropical es un sistema de baja presión que se mueve como un temporal con mucha lluvia y vientos débiles.
Las condiciones imprescindibles para que se forme un ciclón tropical son:
1. Una perturbación pre-existente: área extensa de nubosidad con chubascos y tormentas eléctricas.
2. Temperatura cálida de las aguas del océano: 26 grados C o superior, hasta una profundidad de al menos 45 metros.
3. Vientos en la atmósfera superior: que sean débiles y no cambien mucho de dirección y velocidad a través de la altura de la atmósfera.
Mediante el contacto con las aguas cálidas del océano, la perturbación pre-existente recibe el calor y la energía. Comienza a formarse una zona donde la presión atmosférica es algo inferior a la de los alrededores. Cerca de la superficie del océano, los vientos empiezan a girar como un torbellino con centro en la zona de baja presión de la perturbación. Durante estas primeras etapas, el sistema meteorológico se compone de un agrupamiento relativamente poco organizado de chubascos y tormentas eléctricas. Las aguas cálidas del océano agregan más humedad y calor al aire que sube, y a medida que la humedad se condensa formando los chubascos, se genera más calor, lo cual suministra energía adicional al sistema. La configuración de la atmósfera superior debe garantizar que el aire que penetra por los niveles superficiales salga al exterior del sistema por los niveles superiores. Así que si los vientos en altura son débiles y varían poco en dirección, la energía puede seguir concentrándose, el sistema puede fortalecerse y transformarse en una depresión tropical. Llegado este punto, el sistema comienza a adquirir el familiar aspecto en espiral, debido al flujo de los vientos y a la rotación terrestre.
Si las condiciones oceánicas y de la atmósfera superior continúan siendo favorables, el ciclón sigue fortaleciéndose hasta convertirse en una tormenta tropical; las bandas de chubascos y tormentas añaden más calor y humedad y el ciclón pasa relativamente en poco tiempo a ser huracán. Es en este momento cuando suele formarse el llamado ‘ojo’ del huracán, debido a que el aire baja rápidamente por el centro, secando y calentando esa zona, en la cual no hay nubes y el viento está en calma.
El ciclo de vida de un huracán puede durar más de dos semanas sobre las aguas del océano; en ese período puede recorrer una larga trayectoria.
De la misma manera en que varios factores contribuyen a la formación de un huracán, existen otros que promueven su debilitamiento y disipación. El huracán puede debilitarse o disiparse sobre el mar, debido a la existencia de fuertes vientos superiores o gran diferencia en dirección y velocidad entre los vientos a diferentes niveles, desde la superficie hasta 10 a 12 kilómetros de altura. También puede debilitarse si se desplaza sobre aguas más frías o sobre una zona más seca.
Cuando un huracán alcanza tierra firme, pierde la fuente principal de humedad y la circulación superficial puede verse reducida por la fricción con la topografía del terreno. Por lo general, un ciclón tropical que está debilitándose puede volver a cobrar mayor intensidad si se desplaza hacia una región más favorable o interactúa con un sistema frontal de las latitudes medias.
Las condiciones generales de formación y desarrollo de los ciclones tropicales ocurren durante los meses de verano en los océanos tropicales del mundo, con la excepción del Atlántico Sur y de la porción Sudeste del Pacífico, debido a que en estas zonas, a pesar de ser tropicales, las capas superficiales del océano son relativamente frías, con temperaturas por debajo de los 26 grados C.
Oficialmente, la temporada ciclónica o de huracanes comienza el 1º de junio y termina el 30 de noviembre, en la cuenca del Atlántico -que comprende el Océano Atlántico, el Mar Caribe y el Golfo de México-. La parte más activa de la temporada es entre mediados de agosto y finales de octubre.
Por lo general, las zonas donde se forman los huracanes y las trayectorias que éstos siguen están relacionadas con el mes en que se forman.
Como regla, a comienzo y fin de la temporada -junio, octubre y noviembre- los ciclones tropicales se forman en el Mar Caribe occidental y en el Golfo de México, mientras que en los meses centrales de la temporada -julio, agosto y septiembre- se forman en el Atlántico, usualmente entre África y las Antillas Menores. Si se hace una idea del patrón general, se puede comprender mejor que en Cuba los meses más peligrosos son los del inicio y fin de la temporada, por su formación en el Mar Caribe occidental.
Cada año, se forman como promedio diez tormentas tropicales sobre el Océano Atlántico, el Caribe y el Golfo de México.
Cuando un huracán se acerca a una localidad, se incrementa la frecuencia y la intensidad de los chubascos y tormentas eléctricas, los vientos van aumentando y el tiempo en general va deteriorándose rápidamente. Después vendrá el huracán con toda su intensidad, y si el ‘ojo’ pasa por el lugar, entonces abruptamente vendrá la calma, el cielo estará despejado o con nubes altas; cierto tiempo después, volverá el huracán con toda su furia, y a veces lo peor ocurre después de pasar el ‘ojo’.
Las partes principales de la estructura horizontal de un huracán son el centro, vórtice u ‘ojo’, la pared del ‘ojo’ y las bandas espirales de lluvia que conforman el cuerpo del huracán. El aire se mueve hacia el centro en espiral, en dirección generalmente contraria a la de las manecillas del reloj y sale por arriba, a alturas entre 5 y 10 kilómetros, en la dirección opuesta.
El ‘ojo’ no existe en la depresión tropical ni en la tormenta tropical. Aparece cuando el ciclón está cercano a la categoría 2. Esto ocurre porque es necesaria una velocidad apreciable del viento que genere en el centro de rotación una zona donde las fuerzas se equilibren, y el aire descienda seco y más cálido, formando la zona sin nubes del ‘ojo’. El ‘ojo’ puede medir entre 30 y 60 Km. de diámetro.
La densa pared de tormentas eléctricas y chubascos que rodea al ‘ojo’, es la zona de mayor convergencia del aire superficial, por tanto es donde se encuentran los vientos más intensos del huracán. Un cambio en la estructura del ‘ojo’ y la pared del ‘ojo’ durante cualquier momento de la vida de un huracán, puede alterar la velocidad del viento, que es una indicación de la intensidad del sistema. El diámetro del ‘ojo’ puede aumentar o disminuir su tamaño y es posible que se formen dos paredes concéntricas alrededor del ‘ojo’. En los sistemas débiles pueden aparecer hasta dos y tres centros de circulación, pero por poco tiempo.
Las bandas de lluvia externas del huracán -cuyos vientos a menudo alcanzan intensidad de huracán o de tormenta tropical-, pueden extenderse a varios cientos de kilómetros del centro. A veces, estas bandas y el ‘ojo’ quedan ocultos por las nubes altas; en estos casos, puede resultar difícil para el meteorólogo el usar las imágenes de satélite para seguir el movimiento del ciclón, sobre todo si es de noche.
Aparte del movimiento de rotación en forma de espiral de los vientos alrededor del centro de baja presión, los ciclones tropicales se desplazan como un todo hacia regiones geográficas, a veces muy distantes de la zona donde surgió. La dirección del movimiento es gobernada por los sistemas que rodean al ciclón tropical, sean estos anticiclones u ondas superiores. Como para cierta época del año hay coincidencia de similar situación de los sistemas meteorológicos, se dan regularidades en el movimiento de los ciclones tropicales, aunque a veces se producen grandes excepciones.
El movimiento de los ciclones tropicales se produce de manera general en dos ramas de una parábola, la primera rama con rumbo general al Oeste u Oeste-noroeste, para llegar a un punto de recurva en el que disminuye su velocidad o se estaciona, para cambiar drásticamente la dirección de su movimiento, tomando entonces una segunda rama hacia el Norte, Norte-nordeste y después al Nordeste.
En los meses de junio, octubre y noviembre, el movimiento general es próximo al norte, mientras que julio, agosto y septiembre, las trayectorias son alargadas, extendiéndose desde la costa de África con orientación general hacia el Oeste.
Los ciclones tropicales se clasifican de acuerdo a la velocidad que alcanzan los vientos máximos sostenidos, de la siguiente manera:
Depresión tropical: vientos máximos sostenidos inferiores a 63 kilómetros por hora.
Tormenta tropical: vientos máximos sostenidos entre 63 y 117 kilómetros por hora.
Huracán: vientos máximos sostenidos superiores a 117 kilómetros por hora.
Se llama huracán al ciclón tropical totalmente desarrollado. Como los mismos se clasifican a partir de los vientos máximos sostenidos (1 minuto) y el poder destructivo de los huracanes aumenta rápidamente, ya que depende no de la velocidad del viento, sino del cuadrado de esta variable, se ha puesto en uso la clasificación de los huracanes en una escala de cinco categorías, llamada escala Saffir-Simpson.
Los huracanes de categoría 3 ó superiores se denominan huracanes de gran intensidad.
La velocidad de los vientos de un huracán de categoría uno está entre 118 y 153 kilómetros por hora. Los vientos pueden causar más daños a las edificaciones que en una depresión o tormenta tropical. También, hay más peligro de que vuelen objetos por causa de los vientos.
La marejada del mar asociada con un huracán de categoría uno puede subir de 1 a 1,5 metros por encima del nivel normal del mar. Los impactos locales dependen de la ruta del ‘ojo’ o vórtice del ciclón. Si el ‘ojo’ pasa a 100 kilómetros o más de una comunidad, los impactos no deben ser muy serios. Si el ‘ojo’ pasa a menos de 100 kilómetros de su comunidad, los residentes deben refugiarse en casas o edificios de bloque de concreto, ubicados en lugares protegidos y arriba de la zona de inundación.
Un huracán de categoría uno puede ser peligroso si pasa a menos de 100 kilómetros de una comunidad.
La velocidad de los vientos de un huracán de categoría dos está entre 154 y 177 kilómetros por hora. Los vientos de esta velocidad pueden causar muchos daños a las estructuras, especialmente el techo, las ventanas, puertas y materiales hechos de madera. También pueden resultar en caídas de árboles, cercas y otros objetos en la comunidad. Por eso, hay más peligro de objetos que vuelan por causa de los vientos. La marejada del mar asociada con esta categoría puede subir 1,5 a 2,5 metros por encima del nivel del mar.
Un huracán de categoría dos es peligroso si pasa a menos de 100 kilómetros de una comunidad.
La velocidad de los vientos de un huracán de categoría tres está entre 178 y 209 kilómetros por hora. La velocidad de sus vientos puede causar daños serios a las estructuras y los árboles, hasta causar la caída de los techos y las paredes no protegidas.
La marejada asociada con un huracán de categoría tres puede subir entre 2,5 y 3,5 metros por encima del nivel normal del mar.
Un huracán de categoría tres es muy peligroso si pasa a menos de 100 kilómetros de una comunidad. El agua del mar puede inundar comunidades costeras y áreas bajas hasta 2 ó 3 kilómetros de la costa.
La velocidad de los vientos de un huracán de categoría cuatro está entre 210 y 249 kilómetros por hora. Los vientos de esta categoría destruyen todos los edificios y casas de madera. Los vientos de un huracán de esta intensidad pueden causar muchos daños a los árboles, cercas y otros objetos.
La marejada asociada con un huracán de categoría cuatro puede subir entre 3,6 y 5,5 metros por encima del nivel del mar. La marejada se puede presentar varias horas antes del huracán e inundar los sitios costeros y áreas bajas hasta 2 ó 3 kilómetros de la costa.
La velocidad de los vientos de un huracán de categoría cinco es de más de 249 kilómetros por hora. Los vientos pueden destruir todas las estructuras, incluso las construidas con bloques de concreto.
La marejada asociada con un huracán de categoría cinco puede subir más de 5,5 metros por encima del nivel del mar. La marejada se puede presentar unas horas antes del huracán e inundar totalmente los sitios costeros y áreas bajas hasta 3 kilómetros ó más de la costa.
Un huracán de categoría cinco es mortífero si pasa a menos de 100 kilómetros de una comunidad.
Visit www.cheapcubaholidays.org for a list of tour operators offering the cheapest deals on Cuba holidays.